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De la ocupación francesa de Gaucín.- II PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Viernes, 19 de Diciembre de 2008 00:41

II.- LA SITUACION EN LOS PRIMEROS DÍAS DE FEBRERO DE 1810.-


 
Como es conocido, la situación en la España y, en concreto, en Andalucía, en los inicios del año 1810 es desesperante, pues, unido el desánimo que ya he citado,  a la difícil problemática que planteaba la incesante riada de “dispersos” (soldados que huían de las continuas derrotas, en especial de la sufrida recientemente por el ejercito de Extremadura, bandoleros y presos que se amparaban en la confusión, etc.), hacía insostenible la convivencia en las ciudades y en los pueblos. Pero es que, incluso en los lugares donde los patriotas se decidieron a sustituir al ejército inexistente, sus deseos se volvían inoperantes, ante la falta de armas y equipajes. Los arsenales y  almacenes españoles ya habían sido vaciados por la necesidad de equipar partiendo de cero a un ejército tras otro, y ahora no quedaba nada. Frente a ello, un ejército francés, a cuya cabeza José Bonaparte disponía de suficiente dinero, lo que hizo que pese a las risas y desdenes tanto de españoles como de franceses, finalmente fuese tomado en serio. Al mismo tiempo, el rey, deseoso de ser amado, intentaba ganarse  a la opinión española mostrando su benevolencia y su magnanimidad, de los que se tiene constancia, tanto en Sevilla como, cerca de nosotros, en Ronda, donde, com sabemos fue recibido con lisonjas.

 

Para su desgracia, no fue semejante actitud la que mostraron los serranos frente al que, desde el principio, fue considerado como un invasor. Veamos la situación, siguiendo el relato de nuestros personajes.

Serrano, al inicio de su Manifiesto, nos relata sus últimos momentos en el ejército de Extremadura, a cuyo servicio se encontraba a finales de 1809, al ser destacado precipitadamente á Sta. Olalla con un tren de artillería para trazar defensas en lo largo de la sierra, para intentar defender el real camino a Sevilla y declarándole comandante general de aquel canton, con independencia de los capitanes generales de Extremadura y Andalucía. Nos dice el propio Serrano Valdenebro que esta defensa “contribuyó á salvar la Andalucía después del desgraciado encuentro de Medellín; pues alucinado el enemigo con la noticia de los campamentos de tropas y cazadores, abultadas como es costumbre, no se atrevió á acercarse á la sierra, siendo cierto que las reliquias de nuestro exército apenas llegaban á 1500 hombres en partidillas incapaces de hacer rostro á una moderada división. Al abrigo del canton y sus defensas se formó el exército que atravesando la Extremadura barrió al enemigo en Talavera.”

En aquellos días  promovió el cuerpo de tiradores, llegando al número de 1.800 y eran tan diestros, nos dice, que “baleaban una naranja tirada en elevación, con tanto acierto, como si fuese á un abultado blanco”. Sigue diciéndonos que “El señor duque de Alburquerque, ya encargado del exército de Extremadura, pidió á la Corte me separase del mando del canton, me destinase á su exército para que sirviese en él de cuartel maestre general”, a donde llegó el 8 de noviembre. Ya sabemos que una terrible caída le destrozó enteramente el brazo izquierdo. “A los 50 dias se desentablilló el brazo izquierdo. La mano derecha se hallaba reparada. Mas el brazo se resentía y aparecía el hueso exterior del radio algo descantillado y con una debilidad lastimosa. Le envolvieron de nuevo; y noticioso el general de mi situación me ordenó baxase á Andalucía, me situase en mi territorio hasta mi recobro, previniéndome había pedido á la Corte se me declarase por segundo general del exército”.

Este nombramiento se vio frustrado por la enfermedad y los rápidos acontecimientos de la Serranía. Pero  él, curtido en mil batallas, nos dice “Mi marcha fue oportuna; pues al día siguiente de pasar por Sevilla se presentaron los enemigos, y extendiéndose como un torrente por toda la Andalucía, quedó como sujeta á su dominación. Encontré la sierra alborotada. Era el canal de la dispersión de los exércitos. El enemigo retardaba su aproximación; pero invitado por Ronda, adelantó sus partidas, y el mismo José Bonaparte vino á ella á recibir sus inciensos… Por el camino real de Gibraltar avanzó un cuerpo de 500 caballos y algunos infantes: atravesó la sierra: entró en Gausin el 22 de febrero de 1810; y dexando en él un destacamento de unos cien hombres adelantó el grueso á Ximena para someter el campo de Gibraltar. Aquí entran mis trabajos.”

Estamos, pues, ante la primera ocupación de Gaucín, el 22 de febrero de 1810. Pero, dejemos el relato de Serrano y veamos todo el andamiaje que había venido montando el brigadier Gonzalez Peinado.

“Emprendida mi marcha desde Sevilla, y hallándome ya en la villa de Cabra á fines de enero de 1810, sobrevino la irrupción de las Andalucias por los enemigos; y cortado ya por estos, retrocedí al campo de Gibraltar para seguir por mar mi viage…como en este tiempo sobrevinieron los acaecimientos de Sevilla, la disolución de la Junta Central, y el nuevo destino del marques de La Romana (que le había requerido para que se uniese a su ejército en Valencia), al mando del exército de la izquierda, suspendí mi salida de Algeciras, entretanto que daba parte á aquel gefe, de mis acaecimientos y residencia, y que esperaba sus órdenes; pero mal avenido siempre con la ociosidad, y meditando las ventajas que podría atraher á la causa general de la nación el sublevar los pueblos de la Serranía de Ronda, alarmarlos y disponerlos contra las invasiones del enemigo, bien meditado el plan de estas operaciones, arrostrando riesgos y allanando mil inconvenientes, que á ello se oponían los puse por obra, y desde luego, muy felices sucesos coronaron mis deseos, y me estimularon hasta llevar al cabo tan heroica y bizarra empresa.”


Ya en la Serranía, nos cuenta Gonzalez que “la sublevación de todos los pueblos de la serranía de Ronda, es uno de aquellos extraordinarios y mayores acaecimientos que han ocurrido en la serie de nuestra gloriosa revolución, y por lo tanto es también uno de los que debe ocupar un lugar muy distinguido en la relación de su historia.”

Describe el siguiente situación de la Serranía: “ retrocedí desde Cabra á Algeciras en cuyo regreso fue horroroso el quadro que se presentó á mi vista, de desolación, desorganización y desorden, en todos los pueblos de mi tránsito, al verse acometidos á un tiempo por tanto cúmulo de males, capaz cada uno por si solo de desanimar al mas resuelto y decidido. Por todas partes no se veían mas que dispersos asi oficiales como soldados, que huyendo despavoridos parecía que no encontraban donde guarecerse, contra el peligro personal, que era su única atención, perdido aquel sentimiento de honor, y aquella confianza, que deben dar las fuerzas de grandes masas reunidas y disciplinadas. Pero esta desolación y este desorden no intimidaron mi resolución, ni amilanaron mi espíritu. Había calculado mucho antes de ahora, como testigo y cooperador que fui de la defensa del mas heroyco de los pueblos del mundo (hace referencia a Zaragoza, en cuyo sitio intervino González Peinado con gran valentía y eficacia), que esta no era una guerra de gabinetes, sino de una nación que tiene tantos interesados como ciudadanos, … que si por algunos momentos puede la cobardía, disfrazada con el nombre de prudencia, contener los animosos impulsos de un pueblo virtuoso, será bastante una casualidad una sombra de apoyo; un solo sugeto de carácter, ó un mero movimiento espontáneo para que el pueblo mismo busque el desahogo de su virtud y patriotismo, y trate de romper los diques que se le oponen; y que, si una fatalidad quiso que las Andalucias se allanasen á los exércitos invasores, no por otra razón sino porque la idea de la disolución de un gobierno es por sí solo capaz de desorganizar la fuerza moral del pueblo mas valiente

Y sigue diciéndonos: “existían en el corazón de las Andalucias mismas las sierras de Ronda, esos países cuyos habitantes acostumbrados al trabajo y adheridos á la austeridad de costumbres que hasta aquí los hizo felices, no conocían otra pasión que la de ser españoles, ni otro interés que el de vivir libres sobre estas montañas, que parecen puestas por el Omnipotente para dar la ley algún dia á las inmensas llanuras de los quatros reynos, es sobre las que me propuse fixar el estandarte de la verdadera libertad, impropiamente llamada insurrección. Allí fue en donde, considerando las buenas proporciones que ofrecía su localidad para la grande empresa que revolvía en mi imaginación, trataba de aprovecharme de ellas, y proponiendo mi plan al comandante general del campo de S. Roque D. Adrián Jácome, obtuve la autorización competente para realizarlos y subir á la sierra á alarmar los pueblos, y poner en defensa los puntos mas interesantes de ella".

En efecto, como doc. UNO de su Manifiesto figura el siguiente escrito:


"D. Josef del Pozo y Sucre, Mariscal de Campo de los reales exércitos é ingeniero director sub-inspector de la provincia de Andalucía, Comandante General interino del Campo de Gibraltar y su distrito, gefe de las juntas de sanidad de los pueblos que lo componen, inspector de la compañía de escopeteros de Getares de las de infantería fixas de Estepona y Marbella,  del cuerpo de milicias urbanas del expresado campo, y del de Tarifa, subdelegado y juez privativo de todas rentas reales en el mismo distrito y costas de su jurisdicción &c. concedo libre y seguro pasaporte al brigadier D. Francisco González, que con el Dr. D. Vicente Terreros cura párroco de esta ciudad, el teniente-coronel D. Juan Ximenez, el ayudante mayor D. Antonio de los Santos, y otras personas que le acompañan, pasa á recorrer todos los pueblos de esta comandancia general á fin de reconocer los puntos de defensa y sostenerlos contra toda invasión de enemigos: para lo que las justicias de ellos, celebrando sus acuerdos, le presentarán todos los mozos y casados útiles para el servicio de las armas, sin negase á facilitarle los subsidios y demás que solicite y requiera para el grande é importante servicio á que son comisionados, obedeciendo al referido gefe en quanto ordene y prescriba con lo demás que diga relación á este objeto. Por tanto, ordeno y mando á las justicias sujetas á mi jurisdicción, y á las que no lo son pido y encargo no le pongan impedimento alguno en su viage, antes bien le darán el favor y auxilio que necesitare, el alojamiento, vagages, raciones de pan, paja y cebada que pidiere, pagándolos á los precios reglados por S.M. por convenir asi al real sevicio. Dado en Algeciras á 6 de febrero de 1810: por carecer de mis impresos; Jácome=Joaquin de Prados."

 

Sigue relatando los obstáculos que encuentra, así como la eficaz respuestas de los Ayuntamiento : “aunque los pueblos de la serranía se hallaban inflamados y dispuestos para apellidar la libertad y la guerra contra el pérfido invasor, la ocasión en que debía hacerse esta alarma era la mas difícil; porque el enemigo, que ya la preveía, tenia obocadas (“aproximadas”) muchas tropas en todas las avenidas, y noticioso de mi misión trataba de perseguirme y amedrentarme con varias y despreciables amenazas como lo hizo en la villa de Ximena el execrable Conde Montarlo comisionado regio del gobierno intruso, de que se me dio avisos por sujetos de la mayor veracidad de la misma villa y otros pueblos; pero despreciando tan rateros arbitrios y tristes recursos, traté de llevar al cabo mi proyectada empresa, reconociendo por mi los pueblos de la serranía, publicando proclamas para darles orden y energía en el armamento, y destinando otros oficiales de la mayor confianza con el mismo objeto y con el de proporcionarme los auxilios y subsistencias con que los pueblos pudieran concurrir. No fueron estos omisos en tan señalado servicio, ni perezosos en acudir con las armas donde fue más urgente su asistencia. Incontestables documentos son, de lo primero las actas celebradas por los ayuntamientos de los pueblos insertos en el apéndice desde el número 3 al 6; y las memorables acciones que tuvieron lugar en la mayor parte de los puntos de la serranía, son los mejores comprobantes de lo segundo.”

 

Plano de la Serranía en la BNE

 

Así, nos adjunta como apéndices los acuerdos de la población de Los Barrios en ocho de Febrero de mil ochocientos diez, así cómo de los  Ayuntamientos de

-Benarrabá: "en doce de febrero de mil ochocientos y diez estando juntos en estas salas capitulares, los señores D. Juan Barroso Olivas, alcalde; D. Alexandro García y D. Pedro Ortega, regidores; D. Juan Santos y D. Bartolomé Marín, diputados, y D. Vicente Jarillo síndico procurador general; D. Josef Espinosa cura párroco; D. Antonio Fernández Ruiz, D. Cristóbal Vallecillo, D. Fernando Quirós, y D. Antonio García presbíteros; D. Silvestre Calvente del Río, D. Pedro de Ayala, D. Juan García Fernández y D. Juan Delgado vecinos condecorados; y asi juntos por ante mí el fiel de fechos acordaron lo siguiente: En este cabildo se presento el señor teniente coronel D. Francisco Abascal comisionado por el señor brigadier D. Francisco González … Que organizándose la empresa del señor comisionado en términos de poder contrarrestar al enemigo oponiéndole una fuerza que sostenga el honor y decoro de la nación, puede y contribuirá este pueblo con dos mil rs. en efectivo de su fondo de Montes: con siete mil trescientos y veinte rs pagaderos por agosto del fruto de bellota de los montes comunes: con seis mil rs. en efectivo de reales contribuciones: con ochocientos rs del voto de Santiago pagadero en el Agosto: con nueve á diez mil rs. del producto del diezmo en poder del administrador D. Andrés Villalta vecino de Algatozin: y con ciento y cincuenta fanegas de trigo del fondo del pósito; ofrece además el pueblo los donativos voluntarios que den los vecinos con arreglo á sus proporciones; se puede contar con treinta y cinco hombres útiles para tomar las armas, y con cuarenta dispersos para los quales habrá de quince á veinte escopetas útiles y ocho ó diez fusiles… Ante mí=Antonio Vallecillo fiel de fechos".

-Del lugar de Algatozin "en trece de febrero de mil ochocientos diez á consecuencia de haberse presentado el caballero D. Francisco de Abascal, teniente coronel de los reales exércitos, comisionado por el señor brigadier de los mismos D. Francisco González que lo está por el Excmo. Sr. Comandante general del campo de Gibraltar, á fin de reconocer todos los puntos de defensa y sostenerlos de la invasión del enemigo según lo ha hecho constar por el pasaporte que ha entregado y para requerir á las justicias de estos pueblos á que faciliten los subsidios y demás que solicite para este servicio, precedida la competente citación se juntaron con dicho señor en las casas capitulares, los señores Concejo, justicia y regimiento de este lugar, á saber: D. Salvador Andrade y D. Jacinto Ignacio de Cosar, alcaldes: Roque Ortiz y Fernando Lucas España, regidores: Fernando Núñez, diputado del comun: Francisco Márquez y Bartolomé Corrales, síndico procurador general y personero, con asistencia del señor cura párroco y varios vecinos del pueblo que también fueron convocados á esta junta… propuso dicho caballero comisionado, se trató y conferenció largamente… y de una conformidad acordaron que desde luego estaba pronto este pueblo á contribuir por su parte á la defensa del país, según y en los términos prevenidos por el citado Excmo. Sr. y en unión  con los demás de la Serranía y que luego que este servicio se coordinase y pusiese en el debido orden, se procedería á exortar á los vecinos pudientes á que cada qual facilitase aquellos intereses y efectos que tuviera á bien para auxiliar á tan interesante objeto; desde luego con arreglo á los puntos y particulares que exige dicho señor comisionado por ahora del ayuntamiento, ofrece éste poner de pronto luego que esté ya organizado el objeto en primer lugar: quatro mil rs. vn. resto del acopio de sal del año ultimo; mil y cuatrocientos de la contribución del quartillo en arroba de vino destinada á la composición de caminos; mi rs. del censo real de población: ochenta fanegas de trigo, y tres mil y doscientos rs. del fondo de este pósito: cinco mil rs. vn. del de propios pertenecientes al contingente del diez y siete por ciento de sus valores del año ultimo que con las cuentas deben remitirse á la capital de la provincia: Que asimismo… veinte y seis fanegas de trigo pertenecientes á las reales tercias del Excmo. Sr. marques de Villafranca, dueño jurisdiccional, y diez de la propia especie que corresponden al real noveno y tiene existentes……Que por lo respectivo á armas habrá útiles en el pueblo de treinta y cinco á cuarenta escopetas, sin contar algunos fusiles que han traído treinta y ocho soldados dispersos de varios cuerpos que hay en él, y que según el ultimo alistamiento hecho á principios de este mes de todos los mozos, casados  sin hijos y viudos sin ellos con arreglo á la orden que comunicó á esta justicia el señor brigadier D. Juan de Ordevas, comisionado por el mismo Excmo. Sr. comandante general para activar el citado alistamiento podrán sacarse treinta hombres útiles, pues aunque éste comprende mucho mas, se conceptúan por inútiles los que exceden ya por sus estaturas, como por sus achaques y falta de disposición… =Ante mi: Diego Barroso y Castro escribano".

-Y en el lugar de Jubrique: “con asistencia del caballero D. Francisco Abascal, teniente coronel de los reales exércitos, y de varios vecinos de este pueblo y por ante mí, en el día de ayer se principió á celebrar un cabildo y concluyó en el de hoy de la fecha… en quince de febrero de mil ochocientos  diez… precedida la competente citación se juntaron con dicho señor en las casas capitulares los señores concejo justicia y regimiento de este lugar, á saber; D. Juan Benítez López y D. Juan Amaro Ruiz alcaldes; Miguel de Torres y Antonio Benítez López regidores: Antonio Peres y Antonio del Río Riveros, diputados del comun, y Cristóbal de Rojas Basan síndico procurador general y personero con asistencia de D. Juan Francisco Jaén, cura ecónomo de esta iglesia parroquial, de D. Melchor de Molina y D. Fernando Gutiérrez presbíteros, de D. Juan Gil Jaén de esta vecindad que también fueron convocados á esta junta… que desde luego estaba pronto este pueblo á contribuir por su parte á la defensa del país, según y en los términos prevenidos por el citado Excmo. Sr. y en unión con los demás de la Serranía; y que luego que este servicio se coordinase y pusiese en el debido orden, se procedería á exórtar á los vecinos…el señor cura ecónomo de la real renta de diezmos de este obispado, no podía disponer de sus productos sin ocurrir á la junta del ramo que residía en la ciudad de Málaga, y solo exponer que por frutos de mil ochocientos nueve, juzgan alcanzarían á cortar diferencia á veinte mil rs. los quales estaría pronto á entregar luego que vendiese efectos existentes y créditos dándosele por el gobierno de la nación la correspondiente orden para su resguardo. Del fondo del pósito…de la renta del voto de este pueblo... De la real casa del escusado de este…. Del ramo de bulas correspondiente al año pasado de mil ochocientos y nueve… Que en orden á la fuerza de gente, se consideran habrá en este pueblo de veinte á veinte y cinco dispersos poco mas ó menos de distintos cuerpos, vecinos de él, de los quales habrán traído diez fusiles, y de clase mozos solteros, viudos sin hijos y casados, desde la edad de diez y siete años hasta la de quarenta y cinco, podrían alistarse hasta treinta y cinco, poco mas ó menos: pero á estas gentes no se le podrán facilitar escopetas algunas, pues las que hay en este lugar son de varios individuos de milicias honradas de él, cuyo cuerpo según orden de dicho Excmo. Sr. comandante general de fecha quatro del corriente mes dirigida á estos señores alcaldes, está comisionado para la defensa del pueblo y su diezmeria; y de municiones las pocas que habían venido de los reales almacenes se habían repartido á dicho cuerpo de milicias honradas. Está signado=Antonio Josef Saucedo escribano.”

 

Sin embargo, ya hemos dicho que Gonzalez reconoce la resistencia por parte de algunos principales –citando a Gaucín, entre otros pueblos-  y, más adelante, precisa: “con este motivo fue ya necesario usar de otro lenguaje, y revestido de las facultades con que estaba autorizado, expedí la circular que á la letra es como sigue:

“Hasta aquí he obrado con los terminos que exigen la política y la prudencia, y aun me atrevo á decir que también de mi bondad; las circunstancias han variado; los pueblos han tomado el justo partido que debían tomar, quieren defenderse, y esta heroyca virtud debo sostenerla, y la sostendré hasta dar el último suspiro; se acabó el egoísmo señores justicias; la patria es primero que todo, y si vms. no me suministran y prestan quantos auxilios necesite, obraré militarmente: cualquiera voz insidiosa que se propague indagaré de donde ha salido y recibiré el castigo que merezca: todos somos en el dia militares, y el que se separe de este justo modo de pensar no merece el nombre de español. Benarrabá y febrero 17 de 1810 = Francisco González


Continua Gonzalez diciéndonos que “esta medida produjo los mejores efectos, cortando de una vez para en adelante el que se repitiesen iguales escenas".


Sin embargo, desde el Campo quieren cortarle los vuelos, negándole auxilios y pertrechos militares y limitando sus facultades. Ello se desprende del doc. Num. 7 de su Manifiesto, proveniente del General Jácome:

“Por la carta de V.S. de ayer veo con mucha complacencia el estado de los pueblos que va recorriendo, y partido que de ellos puede sacarse; mas como en las circunstancias presentes solo puede y debe tratarse de engrosar nuestras fuerzas en donde sean de mayor utilidad á la patria y contrarresto á los enemigos, especialmente quando se carece en este campo de todo medio de defensa, debe V.S. ceñir sus disposiciones, y solo dedicar su conato á entusiasmar los pueblos sin destinarles punto alguno: y si valiéndose de los ardides oportunos, sacar toda la gente posible y traerla á este campo, de donde se transportarán por mar á la Isla de León, según es la mente de S.M. con lo que dexo contextado el oficio de v.s. citado en que me pide el auxilio de armas y escopeteros que absolutamente le puedo franquear como quisiera. Dios guarde a v.s. muchos años. Algeciras 10 de febrero de 1810=Adrián Jacome=sr. D. Francisco González”

Gonzalez no sigue las indicaciones del gobierno, y nos describe cómo continuó con sus preparativos: “Pero como felizmente tiene poco influxo la autoridad quando impugna con abuso de sus facultades, contra los deseos de un pueblo que ha conocido sus verdaderos intereses, que quiere defender su autoridad, sus derechos y sus propiedades, y que tan costosos desengaños habían sufrido de parte del gobierno anterior; ni ellos quisieron prestarse á otra cosa que á su propia defensa, ni yo juzgué que era tiempo quando ya se adelantaban los enemigos á grandes pasos para atacarlos, ¡qué contraste este entre el fervor de los patriotas de la serranía y la conducta del Comandante General del Campo, cuyo carácter extremamente dócil á las sugestiones de los que por desgracia le rodeaban, hacia sin duda que no conociese los derechos que tienen los pueblos para no dexarse engañar en el propósito con que hacen sus esfuerzos extraordinarios y justos, ni la infinita distancia que hay entre el entusiasmo del hombre, que defiende sus hogares, su familia, y los objetos mas amables con que se ha familiarizado, y el interés que puede tomar este mismo, alejado de aquel recinto á otros parages en donde no pueden obrar tan sagradas consideraciones con una influencia tan inmediata, pugnando al mismo tiempo contra el engaño, en circunstancias en que pueden eximirlo de este servicio¡."

De todas formas, intenta justificar a Jácome, inculpando a los que le rodeaban: “He aquí la razón porque no haciendo cuenta de aquella orden que se me comunicó, ni tampoco de las murmuraciones de ciertos hombres fríos que lo rodeaban, muertos ya para la patria, y que me tachaban de loco y temerario, atropellando por todo, pasando por una serie terrible de trabajos, y exponiéndome, mas de una vez, á perder la vida aun antes de que pusiese la primera mano en la realización de mi proyecto, que era para mi lo mas sensible; en medio de estos riesgos y sinsabores no dexé de inflamar á los paisanos por todos los medios posibles”.