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LA ZORRERA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Domingo, 15 de Marzo de 2009 02:00

LA ZORRERA 

Al ver la Sección “Mis artículos”, en la que tengo publicados los que escribí, cada quince días, durante los años 2005//07 en el diario “Jaén” y desde diciembre de dos mil siete hasta la fecha, los lunes en el Diario Regional “Ideal”, con periodicidad semanal, he pensado en enredarme un poco más.

La vida es tener ganas de complicarse, no estar ocioso, y para lo que me queda de años –y, sobre todo, de lucidez- he pensado que no me vendría mal tensar un poco más la cuerda donde colgamos nuestros recuerdos.

 

La verdad que, el tener que escribir un artículo semanal siempre resulta alentador. Por lo menos, a mí me mantiene en tensión, primero hasta que escojo el tema a tratar (a veces me descuido y llega el viernes y no he pensado nada), después estructurando la introducción, las situaciones conflictivas, su resolución y el pequeño  desenlace o situación final y, por último, la fase de ejecución -mientras lo escribo y corrijo- hasta que lo mando al Períodico. Pero, no estoy contento y muchas veces he pensado que, además de este escarceo semanal que me sirve para mantener despiertos los mecanismos del conocimiento, algo me faltaba, y me falta, y creo que he dado con la solución.

Me parece que me voy a decidir a buscarme un nuevo problema semanal, que esta vez, más que problema, supongo que va a ser disfrute: voy a intentar buscar
-¡cosa rara!- algo de nuestro pueblo para comunicarlo a los demás en esta especie de  Períodico que es mi página Web sobre Gaucín. No sólo algún documento, un archivo o dato inédito, sino cualquier sucedido, cualquier acontecimiento que nos afecte. Pienso que será algo distinto a los artículos  del Ideal o a los trabajos que aparecen en la Sección “Mi Gaucín” (que, me parece, pecan de excesiva extensión). Quiero que sea algo más vivo, algo que vaya más allá de la simple trascripción de parte de un legajo, algo que nazca de mis propias vivencias y de las que me vayan proporcionando los que, como yo, se entusiasman con nuestras cosas. Y con extensión no más allá de los cuatro mil caracteres de imprenta ni de las ochenta lineas.

Y me quedaba lo más importante, que era el poner nombre al nuevo espacio. Y, mira por donde, me he topado con este de “La zorrera”. Siempre me parece que nos han llamado “zorreros”, aunque la verdad, el adjetivo gentilicio que aparece en el diccionario es el de “gaucineño” (“Vocabulario Andaluz”, de Alcalá Venceslada), sin que en el Maria Moliner cite éste o el de “gaucinense” (que es el que a mí me gusta más),  aunque recoge los sufijos “ense” y “eño” con que se forman nombres-adjetivos de naturaleza, como almeriense o londinense, madrileño, panameño o lugareño. Como lo que quería es escoger un nombre que, de alguna manera, tuviera un sentido de lugar de acogida, me acordé de las zorreras.

Ello concuerda, de alguna manera, con nuestras tradiciones, pues supongo que nos han llamado zorreros, por ser estas las personas que tenían a su cargo matar los zorros y toda clase de animales considerados dañinos en los bosques reales. Como sabemos, nuestras tierras eran de señorío y pertenecían al de Medina Sidonia, y parece ser –me lo recordaba mi cuñado Miguel Vázquez- que entre el final del pueblo (situado al termino de la calle Fuente), desde la huerta del Pozo y hasta la Ermita de la Vera Cruz (donde posteriormente se edificaría el Convento de Carmelitas), eran huertas y monte bajo, donde abundaban los zorros. Ante la necesidad de defenderse de ellos, nuestros antepasados, por lo visto, mataron en abundancia a dichos animales y, de ahí, el apelativo de “zorreros”. Y, aunque “zorrera” es, para el citado Alcalá, el cartucho cargado de postas para cazar zorros, también tiene la acepción de habitáculo de los zorros, nuestro espicemen más característico.

Y, al calor de algunas de las cualidades más positivas de dicho animal, como la astucia,  o a las que se predican de las personas a los que se asigna dicho adjetivo, como serían las de perspicaz, irónico u otros que denotan apertura o visión aguda, me atrevo a inaugurar esta nueva Sección y os anuncio –astutamente- una próxima y primera entrega.