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El Baúl de los recuerdos II: Docena y media y un chorreón PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Lunes, 30 de Julio de 2012 12:17

 

 

 

 

 

Hablar, escribir, ver personas o cosas de Gaucín, es algo inacabable, como uno de sus chorros de agua, de esos que han surgido desde siempre de sus manantiales. Es como hablar, escribir, ver de las cosas sencillas que pasan porque pasan, que surgen como sin querer de las entrañas de la tierra como el agua de un nacimiento que denota vida.

 

 

Escuchar y ver correr y salpicar el agua, es sinónimo de vida porque la caída del agua es un símbolo musical porque la rodean elementos como piedras, vegetación o la fauna que buscan el agua para subsistir. Por que el agua da vida, cuando vemos un manantial no podemos dejar de bebe un chorreón de agua. Y eso mismo me sucede a mí cuando pienso en Gaucín: me parece que hablar, escribir, ver algo de él, es como escuchar su música, por lo que no puedo dejar de oírla, escribir sobre ella, amarla y así su esencia nunca desaparecerá.

 

Abro el reportaje con una vieja y conocida foto de la Fuente del Puerto del Pan.

 

Esta vez –y siguiendo las fotografías que están en el viejo álbum del que os hablé la última vez- voy a subir una docena de fotos de la familia Valdivia-Toledano, la de Pilar, (en la que aparecen muchas de las personas que vivieron a mediados del siglo pasado en nuestro pueblo) y otra media docena de la familia De Molina-Furest, la de mi primo y cuñado Teodoro, que por pura coincidencia (supongo,  ya que no recuerdo otra razón) estaban unas junto a otras en el álbum. Asimismo, se habían colado dos fotos de la familia Ibarra-Rubio, la de mi cuñada Nieves, por lo que he titulado el artículo “Docena y media y un chorreón”.

 

De agua o de otro líquido elemento –como decían nuestros abuelos: “ahí va un chorreón de vino”, “échale a la ensalada un chorreón de vinagre”- o como en este caso, un chorreón de fotos.

 

En la docena, la más antigua me parece esa en la que está mis suegros a la izquierda, acompañados de la juventud de los años 20 (las Nieto) me parece que en la Fuente Pilatos; mi suegra y Doña Consuelo con sus hijas mayores que estudiaban en las Esclavas de Ronda; en otra, con su telón o sábana de fondo, como era costumbre, con Pedro Valdivia, Angelita, Felicia, Juanita Casanova, Salvadora, Juan Valdivia, Pedrín, María Josefa, Mercedes y Dora V. C.; otra con las Valdivia Toledano en pleno; seguidamente, las Valdivia con los Calvente en el casa de Doña Bella; Pilar, Angelita, María Josefa y María Luisa Bellido; un grupo numeroso de amigas, entre ellas Mariquita Ortega, Antoñita Martín, Visita la de Chiquilitrés y el hijo de D. Faustino; M. Josefa y Nieves con Justina y A. Blanco en la Semana Santa de Málaga en abril de 1966; en la escalera, con las hermanas Marisa e Isabela Valle, en febrero del 58; en agosto del año 1959, en el Cortijo de “Mangas”, de Pepe Rubio, con Doña Antonia su madre y la familia Valdivia Casanova que había venido del Ferrol y también me parece que están Margot y José Mari Toledano y, abajo a la derecha, Pepe el taxista; Con la familia del Ferrol, frente a la Venta del Socorro, con Salvadora y Teodoro en primer término. Por último –y como lazo de unión entre este bloque y el que sigue, mi cuñado Teodoro, con su madre y nuestra abuela Francisca “la Serrana”.

 

La media docena de los Molina-Furest, empieza con el cuarteto formado por Antoñita Furest, Angelita Blanco, mi madre y María Isabel Ortega; sigue otra del patriarca tío Teodoro con sus dos hijos mayores y las primas de su mujer Pepita, Araceli y María Calle Furest; tía Antonia y tío Teodoro con sus tres hijos; mi abuela Francisca con tía Antonia y Teodoro y tía María Isabel con Francisquita y Teodorito y otro en el regazo que debe ser Manolo Ortega; tía Antonia y sus dos hijos, Teo y Rafael, a la entrada del lagar (en esas oscuridades, había un pilón –que nos parecía una piscina olímpica, donde nos helábamos con el agua, fría como los témpanos, pero lo pasábamos bomba); tía Antonia, en la puerta falsa de la casa de abuela –en el callejón del Tuerto Gomes, como dice en la partición de bienes de Rosalía de Salas Rios, mi tatarabuela- con sus dos hijos y otros tres, entre ello Manolo Larqué.

 

Y el chorreón, que son de la familia Iborra-Rubio: en la primera, foto de carnet con Pepe y Salvadora y las tres niñas Maribel, Pilar y Antoñita –esposa del Manolo Cháves el que fuera Presidente de la Junta de Andalucía- y el niño; en la otra, Pepe y Salvadora, posiblemente en su casa de San Ruque, con amigos y familiares.

 

Y, por hoy, ya está bien.

 

Para ver el reportaje

 

https://plus.google.com/photos/118184867089338388542/albums/5770904809876740225