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Apuntes para la historia religiosa de Gaucín: San Juan de Dios PDF Imprimir E-mail
Escrito por administrador   
Domingo, 30 de Noviembre de 2003 18:41

 

 


SAN JUAN DE DIOS

 

SALVADOR MARTIN DE MOLINA

 

 

 

 

I.-  EL VINCULO DE UNIÓN

 

 

 

Malraux anunció que el siglo XXI sería espiritual o no sería nada y el teólogo alemán Rahner predijo que el hombre religioso de este siglo sería místico y nada más.

 

Hoy día, la experiencia divina, el fervor emocional se apoyan en certezas intuitivas, mas que en verdades dogmáticas, nos dice el teólogo J.J. Tamayo [1]. Por ello, antes y ahora, creo que el sentimiento religioso es el que aglutina y el que define, aunque esté desprovisto de razonamientos, porque busca una comunidad de apoyo para la reafirmación del yo.

 

Y, aunque, a veces, este sentimiento se presente con formas y actitudes contraculturales, es y seguirá siendo el vinculo de unión. Esto es constatable en la devoción de los gaucinenses al Santo Niño Dios de Gaucín, que no es una casualidad que conviva en lo mas alto de la roca fuerte. Desde allí, sigue siendo el futuro, la libertad y la esperanza de todos nosotros, como un anuncio del  Dios de la liberación y de la comprensión.

 

 

A esta advocación está indisolublemente unida la figura del Santo de los pobres y de los enfermos, a quien voy a dedicar estas líneas, que sirvan para engrosar la historia religiosa de nuestro pueblo

 

Cuando entramos en la Iglesia Parroquial de S. Joáo de Deus, de Lisboa, por la que pasábamos Pilar y yo de forma accidental –en nuestro viaje a Portugal desde Huelva en septiembre de 1995 -, después de subir unas empinadas escaleras, no pensábamos que nos íbamos a encontrar con los tres “paineis” que evocaban distintos episodios de la vida de Juan Ciudad. Mi alegría –como siempre que me encuentro con algo que me rememora nuestra pequeña historia- fue grande y después de varias pesquisas, dimos con un sacerdote bajito y anciano, que nos facilitó unas tarjetas, editadas por la Parroquia con motivo del año jubilar 1953-1978, que reproducían el tríptico, con la leyenda “rezar, reflectir, renovar em fraternidade”.


 

 

 


El tríptico es un mural de Domingos Rebelo, que se encuentra en dicha Iglesia, y en una de sus tablas se representa una escena –con un pueblo blanco y el campanario de un Castillo al fondo- en la que se ve a un vendedor de libros que mira, puesta  la mano en el pecho, a un Niño, con áurea y una granada con cruz en la mano, delante de un manantial de agua, y debajo de ellos un pergamino  con la leyenda “Joäo de Deus Granada será a tua cruz”.

 

Samaritano en el Camino de Gaucín, corazón abierto a Granada,

 

 

 

Por qué quiso el Niño encontrarse con Juan Ciudad en el Camino de Gibraltar, cerca de Gaucín, en la Fuente de la Adelfilla, es un misterio, cuya respuesta no es posible o, mas sencillamente, no está al alcance de cualquiera.

 

O, mejor aún, no necesita explicación alguna.

 

Quedó atrapado por la misericordia porque, al terminar su ascensión de la escarpada montaña, la visión cercana del Castillo sobre las blancas casas, le movió a la paz, a la aceptación del pobre, como refrescante consuelo del agua viva.

 

Es la hora del acogimiento de los pobres y lisiados, y Juan Ciudad es llamado en su particular camino de Damasco, el Camino de Gibraltar a Gaucín, en un aparte del mismo, en la Fuente de la Adelfilla. Camino que terminaría en Granada con la pesada y aceptada carga de los enfermos, como se aprecia en la escultura que figura en el Coro dela Catedral de Málaga [2]. Feliz coincidencia para mi historia, pues desde entonces estoy marcado en el amor a los más sencillos, me inunda la alegría de aquella mañana luminosa de septiembre.

 

Nada puede ser más envolvente, más acariciador, más expansivo.

 

 


 

II.-  NOTAS BIOGRÁFICAS

 

 

Según Francisco de Castro, su primer biógrafo, nació en 1495 en Montemenor-O-Novo, cerca de  Evora, Portugal [3]. El pastor de Oropesa, a donde llegó a los ocho años, se fue a la vida de soldado, a los 22 años, primero en Fuenterrabía y más tarde en la lucha contra el turco en Viena; volvió para seguir su afición de siempre de leñador, marchando mas tarde a Ceuta para trabajar de albañil y solo el consejo de un fraile franciscano le disuadió de adentrarse en tierra de moros para convertirlos, por lo que se dedico al oficio de librero en Gibraltar, hasta que decidió dirigirse a la recién conquistada Granada, subiendo por el camino de Ronda, pues, como ya se sabe, Gaucín era parada de postas en el camino a Granada, no solo por su calzada romana, sino por su itinerario de frontera.

 

Semioficialmente se dice [4] que su conversión se da en Granada, cuando vivía en la calle Elvira como librero, al oír un sermón de San Juan de Ávila, el 20 de enero de 1539, en el Campo de los Mártires. Sin desmerecer el episodio de la santa locura y la plena dedicación a los enfermos mentales desde esta fecha, no entiendo este olvido del encuentro en la Adelfilla, cuando, desde siempre, se ha propagado la imagen de Juan Ciudad, junto a la Fuente, recibiendo el mandato del Niño, quien –en palabras de Lope de Vega- le dijo:

 

“ve a Granada, y hallarás

los pobres por quien tendrás

mi gracia y mi bendición”

 

Sobre sus aficiones guerreras queda constancia en la sencilla canción que, desde siempre, cantamos los gaucinenses en las novenas de septiembre, y que en la Revista de la Hermandad del Santo Niño de 2001 se transcribe:

 

“El humilde pastor de Oropesa

El soldado de Fuenterrabía

Por amor al enfermo y al débil

En Granada alumbró el nuevo dia

 

Juan de Dios es tu nombre bendito

Dado a ti por el mismo Jesús

Quien te dijo en sublime visión

Que Granada sería tu cruz.”

 

Diego Vázquez de Otero [5] reitera las noticias de común conocimiento, matizando algunas circunstancias, como que Juan llegó a la fuente extraviado “porque había errado el camino que de Gibraltar conduce a Gaucín”; que la imagen fue venerada en una ermita “que se erigió cerca del hospital (al parecer, en la calle Arrabalete) que fundara San Juan de Dios junto al Castillo”; que la Fuente de la Adelfilla fue consagrada, en un acto solemne al que asistieron 28 sacerdotes y muchos hermanos de la Orden, después de la canonización de Juan de Dios, celebrada en Roma el 16 de octubre 1690, “construyéndose una hornacina en la que fue colocado un cuadro al óleo que representa la aparición que tuvo el Santo”; habla de una romería que se celebraba todos los 8 de marzo “a la que acudía la mayor parte del vecindario”.

 

De todas formas, descendiendo a la realidad histórica, prescindiendo de que el hecho responda a la realidad o sea leyenda, lo que me llama la atención y me hace creíble -mas que la aparición- “el encuentro” de Juan con el Niño, es que el caminante lo debió de contar, y así se transmitió, verbalmente o por escrito, a sus coetáneos y a las generaciones mas próximas, y, desde entonces, hasta nosotros. No hay razones para dudar que la aparición o la ensoñación, el encuentro místico, tuviera lugar en Gaucín, pues Juan Ciudad pudo señalar otro punto de encuentro y, sin embargo, lo fijó, por que así debió ser, en nuestro pueblo.

 

Sabemos también que unos años antes, el 21 de septiembre de 1630, fue Beatificado apenas ochenta después de su fallecimiento, ocurrido el 8 de marzo de 1550. Desde entonces ha sido objeto de veneración y en 1930 fue declarado Patrón de los enfermos y sus asociaciones, así como Patrón de la Enfermería y de los Bomberos, probablemente por su abnegada intervención en el incendio del Hospital Real de Granada, en 3 de julio de 1549, inmortalizado en el cuadro de Gómez Moreno en que aparece bajando las escaleras con un desgraciado en brazos.

 

Nos dice Novella[6] que “los cronistas barrocos citan una deliciosa florecilla... una leyenda que explica el origen del escudo de la Orden de San Juan de Dios. Al llegar con su cargamento de libros a un ameno lugar donde había una fuente, en Gaucín, pudo ver al Niño Jesús que tenía una granada en la mano, coronada de una cruz, y que graciosamente le decía: Juan de Dios, Granada será tu cruz”.

 

Evocador signo.

 

No me resigno a transcribir un soneto encantador de Angel Santamaría[7], que dice:

 

           

 

 

 

 

Descansa aventurero allí un momento

            que la fuente te sale hasta el camino.

            Primaveral paisaje. Dulce trino

            de las aves. Es ya tu andar mas lento.

 

            Descárgate el hatillo. Estás sediento

            de paz. El llanto apunta en brote fino,

            Y llega hasta tus labios don divino

            de oración. Cielo azul. Caricia en viento.

 

            No lejos puedes ver zarza florida,

            solitario viajero sin destino,

            como llama de vida esperanzada.

 

            Cierra los ojos. Sueña despedida

            de tanto caminar en desatino

que en Granada será tu cruz ganada.

 

 

Es rigurosamente histórico que los testigos del Proceso de Beatificación se hacen eco del suceso, entre ellos el testigo Fray Alonso Pavón que recuerda [8] que “en cuanto llevar al niño Jesús en sus hombros, lo vido y oyó representar en una comedia de Lope de Vega en el teatro publico de la ciudad de Granada y en la ciudad de Lucena”.

 

 


 

 

 

 

 


Parece ser, pues, que la primera referencia histórica de este acontecimiento está en la obra del Ingenio de los Poetas “Comedia famosa de Juan de Dios y Antón Martín” [9], del que existe un manuscrito no autógrafo en la Biblioteca de Parma. La fuente de Lope de Vega para esta Comedia fue una obra denominada “Miraculosa vida y santas obras del beato Juan de Dios, fundador de la religión que cura enfermos”, escrita por el sacerdote granadino Francisco de Castro, capellán del Hospital fundado en Granada por el Santo e impreso en 1588 en esta Ciudad y también en un “Discurso” del poeta Gabriel Lobo Lasso de la Vega, al que se alude al final de la Comedia. En ésta se describe un dialogo entre Juan de Dios y el Divino Niño, quien le enseña la granada que lleva en su mano izquierda y, al requerimiento de partirla, concluye:

 

 

“Partámosla; pero advierte

que esta granada partida

tiene el fruto de tu vida

pero los granos de mi muerte,

que gotas de sangre son;

ve a Granada, y hallarás

los pobres por quien tendrás

mi gracia y mi bendición”

 

 

Algún hagiógrafo hace hincapié en el simbolismo de la granada [10] y del episodio de Gaucín nos dice que la existencia de San Juan “estaba a punto de granar del todo”. Y hace una glosa de la descripción que Fray Luis de Granada, amigo de Juan de Ávila,  protector y guía de Juan Ciudad, nos dejó sobre esta fruta “rematada por una corona real, porque ella es alegre a la vista, dulce al paladar, sabrosa a los sanos y saludable a los enfermos y de cualidad que todo el año se puede guardar... reina de las frutas”.

 

También José María Pemán [11] nos habla del vendedor de libros “allá en la Fuente de la Adelfilla, en Gaucín” que ve a un “Niño luminoso que tiene en la mano una granada entera con su corona, sobre ella una cruz...”. Lo que asimismo reseña, entre otros, José Crust en su obra “San Juan de Dios. Una aventura iluminada” [12].

 

Lo cierto es que, en la España recién conquistada, unificada en el imperio de Carlos y a punto de asentarse con su hijo Felipe, los desposeídos e indigentes eran multitud. A las ordenes de Cluni y de los Templarios, desaparecidas en los avatares de sus propias miserias, se hace preciso sustituir, mas allá de las Ordenes Militares de Santiago, Calatrava... llamadas a acaparar riqueza y poder, por comunidades mas propicias a socorrer, ayudar y consolar. El propio Felipe manda traer a los franciscanos capuchinos de Italia y en 1577 los asienta en la Ermita del Santo Andrés, mientras les construye el Convento de El Viso.

 


 

 

III.-  ICONOGRAFÍA DEL SANTO

 

 

La iconografía sobre el Santo es muy abundante, pero haré referencia a aquellas manifestaciones pictóricas que mas se relacionan con Gaucín y, como es consecuencia de ello, con el Santo Niño. Sin olvidar las esculturas del santo que se veneran en Gaucín.

 

Existe, en la Iglesia Parroquial de San Sebastián, de Gaucín, un gran tapiz (3X7 metros), colgado en la pared sobre el lado del evangelio, que representa la misma escena que vimos en Lisboa, pero limitada a la Fuente de la Adelfilla, con un Juan de rodillas y el Niño de pié. Tenía entendido que fue fabricado  y se encontraba en Málaga, en la Iglesia de Santo Domingo, desde la que el Párroco D. José Gutiérrez consiguió rescatarlo en el año 1950 .

 

 

 

Sin embargo, Benavides Vázquez nos dice que en la tarde del  día 8 de septiembre de 1922 (con motivo de la inauguración de la nueva Fuente) se colocaron dos preciosos tapices alegóricos de la aparición en la Iglesia Parroquial. Supongo que se tratan de los que existen en la Parroquia y en la Ermita. El primero, en cuya parte izquierda existe una leyenda en óvalo que dice “Aparece el Niño Jesús en Gaucín a San Juan de Dios Septiembre 1536” y otro en la margen derecha con esta inscripción “Y le dice Juan de Dios Granada será tu Cruz”; en el centro hay una orlilla con la inscripción “JHS” en la parte superior, y otra con una granada en la parte inferior, y aparece firmado con el nombre de Luis Palomares, Granada, 1923, en el margen derecho inferior. El que está colgado en la Ermita del Castillo es de menores dimensiones y he podido leer las misma leyendas.

 

 

 

 

 

 

 

En la Iglesia parroquial existe un cuadro (óleo sobre tela, firmado por D. Garny, 1999) que es copia del de Gómez  Moreno, pero con un Niño, que no es el de Gaucín, sino de estilo granadino, sobrepintado en la parte superior derecha. También en la Ermita de la Adelfilla, hay un retablo-mosaico, que representa la aparición y mide dos metros por uno setenta, sobre la mesa del Altar que es de mármol.

 

En una “Historia del Culto al Niño Dios de Gaucín” (editada por la Hermandad del Santo Niño Dios de Gaucín en 1948 y reeditada en el año 1986), en un articulo firmado por Fray O. M. se dice que en la Sacristía de la Catedral de Granada hay un cuadro de Pedro Raxis (m. 1626) que representa el episodio de la Adelfilla.

 

En efecto, en la Sacristía de la Catedral de Granada, en el testero de la puerta de entrada, se encuentra el cuadro de Pedro de Raxi que representa la escena de la Adelfilla. Raxi es coetáneo de Juan Ciudad y también autor de un retrato del Santo, que se encuentra en la antecámara del Museo de la Casa de los Pisa, que después sirvió de modelo para otros pintores.

 

El Cuadro de la Adelfilla, un óleo sobre tela de aproximadamente dos  por uno cincuenta metros, es muy descriptivo y en él aparecen como figuras centrales el Niño y Juan de Dios, rodeados de otros símbolos. Es de colores vivos y forma definidas, a diferencia del de Claudio Coello.

 

 En la parte superior, el cuadro está orlado por una alegoría de la Santísima Trinidad. La Paloma irradia sus destellos sobre el Castillo y el Padre sostiene un mundo en la mano izquierda mientras bendice con la derecha, estando rodeados de dos parejas de Ángeles.

 

 El Santo Niño se encuentra de pie sobre un montículo y apoyando sus pies descalzos sobre una orla de tres Ángeles, con una granada, en la que se incrusta una cruz, en la mano derecha. Juan de Dios –con hábito, al estilo de Claudio Coello- está de espaldas al Niño, aunque expectante por lo que tiene la cabeza semivuelta, como si hubiera terminado de beber en una fuente que mana de una frondosidad. Entre ambos se ven a lo lejos unas montañas y un Castillo, sobre lo que parece un pueblo blanco.

 


En la parte inferior derecha aparecen unos ángeles vestidos de túnicas coloristas, uno de ellos con un callado y el otro con un plato de viandas y una cesta de esparto, en disposición de ofrecérselos a Juan de Dios; es evidente que el pintor tiene noticia del encuentro en la Fuente, lo que sería comentado con detalles por el propio Juan de Dios a su llegada a Granada, y también ha oído o presenciado sus recorridos por la Ciudad con sus cesta y callado característicos.

 

 


La Casa de los Pisas, actual Museo de la Orden Hospitalaria, se encuentra a espaldas del Palacio o Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, en la Plaza Nueva, antes de iniciarse el curso descubierto del Darro. Entre la numerosa y espléndida colección de cuadros, esculturas, reliquias y otras riquezas ornamentales, se encuentran dos cuadros que representan asimismo la escena de la Adelfilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 


Uno, un óleo sobre tela de medianas dimensiones, se encuentra en la escalera que sube del patio central al primer piso y en él aparece Juan de Dios, vestido con hábito y descalzo, con un callado –de las mismas características del que se venera como del santo y se encuentra en el Museo de los Pisa- y una cesta de esparto. Esta arrodillado ante el Niño, que está totalmente desnudo, con el pelo rizado y rubio y una granada con cruz en la mano izquierda ofreciéndosela a Juan de Dios. En un plano medio, entre ambos, hay una casa blanca con ventanas y dos cipreses. Al fondo, en el horizonte aparece un Castillo, en tonos siena tostado, entre bosques y a la izquierda desciende una muralla.

 


 

 


El otro, una copia litográfica se encuentra, como otros que representan escenas de la vida del santo, a lo largo de la galería del patio central y tiene la siguiente leyenda: “Aparece el niño Jesús en figura de pobre y descalzo el Santo se lo lleva acuestas y cansado paravever le deja y desapareciéndole le dice Juan de Dios Granada será tu Cruz”. En él se observa al Niño, con el pelo ensortijado, vestido y descalzo, sobre una roca con una granada con cruz en la mano derecha ofreciéndola. Juan de Dios figura vestido a la usanza –en el único cuadro en que no lleva hábito-, inclinado para beber sobre una fuente y en  actitud de sorpresa volviendo la cabeza para ver al Niño y como ofreciéndole agua. Debajo del niño está el simbólico cesto de esparto. Están rodeados de un frondoso campo, figurando unas pitas. En el plano medio se ve a un hombre caminando con un niño acuestas, como en sombras.  Al fondo, en el horizonte aparece un pueblo con torres. Esta litografía es de Pedro de Villafranca y el original se encuentra en el Libro “Historia de la Esclarecida Vida y Milagros del Bienaventurado San Ivan de Dios...” escrita por Fr. Antonio Govea, Obispo de Sirene, editada en Madrid por Pablo de Val, 1659 [13].

 

También en la Sala dedicada al las casas de la Orden en el Nuevo Mundo, hay dos óleos sobre lienzo, del siglo XVII, anónimos, de 51x40 y de 168x114, de características indígenas, uno de la escuela incaica, que también hacen alegoría a la escena del encuentro entre el Santo y el Niño, con una escenografía aborigen.

 

 

Existen dos esculturas en la Catedral de San Juan de Dios. En la Capilla Mayor, en las columnas que rodean el altar mayor, en hornacinas verticales, hay seis imágenes, una de ellas del Santo, donada por la Orden. Y otra en la capilla lateral de San Cecilio, en el retablo de la derecha, obra de Miguel Verdiguier [14].

 

En la Exposición  “Alonso Cano, arte e iconografía”, Granada 2002, pude apreciar diversos motivos relacionados con el tema que nos ocupa.

 

 

En la Sala III que ofrecía una muestra del Cano diseñador y figuran varios proyectos de retablos, entre ellos el de San Juan de Dios, que es el más clásico por sus dos pisos y tres calles de igual tamaño. Cano  trabajó sobre las trazas de Juan Gomes de Mora y quizá solo aportase los dibujos sobre los temas de la vida del Santo. En la parte superior izquierda se remata con una cartela en la que me parece apreciar un granada. En la Sala IV, icnográfica, se muestra una escultura de gran fuerza expresiva que representa la cabeza de San Juan de Dios, entre soñadora e inquieta, que evoca los retratos de cabezas romanas.

 

 

 

 

 

 

En la Parroquia de Gaucín existe dos imágenes de San Juan de Dios, una que se encuentra en la Iglesia de San Sebastián y representa al Santo con un Niño en brazos y otra, la de mayor valor artístico, que fue entregada por los Hermanos de la Orden el 8 de septiembre de 1939, tallada en madera de naranjo y mide 1.36 cm. que fue construida por el escultor Roldan, de Granada, según la nota manuscrita del Párraco Gutiérrez Jaén ya citada.

 

 

 

Esta obra escultórica, que se encuentra en la capilla lateral de la Ermita del Castillo, ha sido estudiada muy acertadamente por Sergio Ramírez González[15] quien nos dice que esta talla de madera de naranjo policromada es una restauración efectuada por Manuel Roldán de la Plata de la que, desde siglos atrás, pertenecía a la Orden Hospitalaria. Fue donada a Gaucín en 1939 y, conforme indica Ramírez supone una variación en la iconografía de la Edad Moderna, pues aparece en actitud penitente, acorde a su imagen oficial de fundador, olvidando las actitudes que recuerdan su conversión, en especial aquellas que evocan la granada abierta coronada con la cruz.

 

Después de hacer un minucioso estudio escultórico de la imagen, nos indica que las características de la misma vinculan esta interesante escultura a la estética granadina de finales del siglo XVII, recordando entre otros, los modelos impuestos por Alonso Cano y Pedro de Mena y Medrano

 

Aunque, por el atractivo que en mi memoria siempre ha tenido esta escena, he pintado, hasta ahora, dos cuadros con este motivo, me quedo, como no podía ser de otra forma,  con la representación pintada por Claudio Coello, discípulo del estilo típicamente barroco, con intenso colorido, que desarrolló la escuela de  Francisco Rizi.

 

 

 

El cuadro “San Juan de Dios”[16], es una composición de gran serenidad, en la que destaca el claroscuro, en cuyo contexto el pintor explora los resplandores dorados y malvas de la figura del Niño Jesús. La atracción de la reconfortante figura hace que Juan Ciudad, que aparece de rodillas en tierra junto al tronco de un árbol, se gire hacia el resplandeciente Niño que, sobre una sedosa nube, le indica el símbolo que luego la Orden mendicante acogería como propio, una granada abierta de rojo amor, rematada por una cruz y coronada por una estrella. Y que  -me permito esta personal apreciación-  podría ser el nuestro: apertura hacia los que sufren como única mirada para la meta final. [17]

 

 

 

Con anterioridad a la actual Ermita, parece ser que no existía vestigio alguno de la escena, salvo el testimonio de una fuente. Esta fue sustituida por otra nueva el día 9 de septiembre de 1922, según constancia fotográfica del acto de la bendición[18]. El acto contó con el apoyo y la presencia del Padre Provincial de los Hermanos y diferentes Padres Priores de los Conventos-Hospitales más próximos, entre ellos el de Gibraltar. Con motivo de esta solemnidad, el Ayuntamiento acordó dedicar una calle a San Juan de Dios[19]

 

 

 

De aquella sencilla fuente, que me parece apreciar en la fotografía que es de granito o mármol blanco, rodeada de un murete, se pasó a la Ermita actual, gracias al empeño de Fr. Juan Grande Nebreda, en el año 1959 Capellán de la Basílica de Granada, que se pone en contacto con la Junta Directiva de aquel año, presidida por Juan Moyano Añón y compuesta por Rafael Jiménez Gálvez, Carlos Domínguez Faura, Antonio Godino Salas y Juan Moyano Román.

 

 

 

 

Después de numerosas gestiones con autoridades, Colegio Oficial de Practicantes que tenía a San Juan de Dios por Patrono y superiores de la O. H. –que, como nos cuenta Benavides no dieron el resultado apetecido-, el esfuerzo de los más humildes y el empeño del Padre Nebreda, hicieron posible que la Ermita de la Adelfilla fuese construida en el año 1960,  en terrenos cedidos por señor Andrés Andrades Moya, el Indianito (padre de María Joaquina, casada con José Moreno,  apodado con toda razón “El Santo Niño”). La obra fue contratada, el día primero de mayo de 1960, por el padre Nebrera con el Maestro Albañil D. José Delgado Rodríguez, que era por aquel tiempo Maestro Alarife, como entonces se decía, del Ayuntamiento, donde se jubiló siendo yo Secretario del Ayuntamiento. Se puso la primera piedra el día 22 de mayo, con asistencia del entonces Párroco D. Diego Franco Varea, e inaugurada el día 14 de septiembre.

 

Tiene una extensión de nueve por cinco metros, decorada con un retablo-mosaico al que ya me he referido, seis vidrieras de color y cerrada con una verja de hierro y dos siluetas también en hierro del Santo Niño y de San Juan de Dios. En la pared exterior se conserva la antigua Fuente de la que brota un hilillo de agua.

 

Desde la construcción de la Ermita, se celebra una Romería el último domingo de Agosto, en la que se lleva en procesión la Imagen del Niño. Al principio se desplazaban Hermanos de la O. H., así como numerosos Practicantes, de cuyo estamento es Patrono S. Juan de Dios, pero en la actualidad es una fiesta netamente local, sin que sepa explicar la desidia de los Hermanos. Se inicia en las primeras horas de la mañana en la Iglesia Parroquial, acompañada por todos los de la Junta Directiva, con unos centenares de hermanos y acompañantes. Precede a la comitiva un aguador con dos mulas, portadoras de barriles de agua, y también de un dulce brebaje, que ofrece a todos los caminantes. La Romería desciende por la vereda del Pino, la Pasadilla, el Cerro de Herrera, el camino de Gibraltar, sube al Puerto Toril, baja  bordeando la Rosa Alta hasta llegar a la Ermita. Allí se celebra una solemne Misa comunitaria, bajo un chamizo y el altar colocado en un templete, que luego sirve para que los músicos amenicen una velada festiva, con buenos caldos, tapas y comidas familiares, hasta mediada la tarde, en la que todos los romeros vuelven por el mismo camino hasta la Iglesia Parroquial.

 

Un día que merece la pena vivir.

 

 

 


 

 

IV.-  LA DEVOCION

 

 

 

 

José María Javierre[20] , desconfía de la leyenda y manifiesta que es preciso una poda de milagrerias, que la impone el rigor histórico, amen del respeto a la figura verdadera del santo, cuya ejemplaridad no necesita de afeites ni maquillaje. Y con singular acierto cuenta lo que él llama la “leyenda de Gaucín”, leyenda áurea que recibe alas de la pluma de Lope de Vega. Nada menos. Y que luego Fray Dionisio Geli desarrolló, ocupando desde entonces puesto de privilegio ente los episodios deslumbrantes de Juan. Nos dice que el buhonero llega fatigado con su zurrón al hombro a la vista de Gaucín (“bonito pueblo andaluz, tal que parece un pañuelo blanco tendido sobre la falda de la sierra”), alcanza a un niño descalzo, lo cargó a su espalda y, cuando se cansaba, cerquita ya Gaucín, lo descabalgó y cuando se acercaba a la fuente, el niño le llamó y, transfigurado en luz refulgente, alzó la granada y le dijo lo que todos sabemos. Cosas de poetas, dice Javierre, sin apoyatura documental.

 

Pero, digo yo, ¿hacen falta documentos?

 

Y lo mismo debió pensar el inolvidable Juan XXIII, que de joven realizó estudios históricos de carácter crítico, pero respetando las tradiciones, como la de Gaucín, que Juan el Papa Bueno empalmaba con la leyenda de san Cristóbal, y que le encantaba ver repetida en Juan de Dios. Y, también, nos recuerda que “para la Orden Hospitalaria, el episodio de Gaucín cobró valor simbólico: la granada, abierta con su rasgón de granos rojos, la cruz arriba, y una estrella iluminando el conjunto sirve hoy de escudo de armas a los hijos de san Juan de Dios”. [21]

 

 

 

La entrega de la granada es algo mas que una simple entrega, es el inicio de la tradición que desde siempre hemos vivido los gaucinenses, que supone transmisión oral de algo mas que  una ensoñación.

 

Apenas cincuenta años después de conquistado Gaucín por los cristianos, apaciguada ya la revuelta que originó con su intransigencia Pedro del Castillo, sube Juan Ciudad por el Camino de Gibraltar a Granada y, después de su visión en la Adelfilla, de su encuentro real con su destino, vuelve al lugar del encuentro y hace la nueva entrega de la Imagen del Niño.

 

Mi pariente y Cronista Oficial de la Villa Ubaldo de Molina, tiene una versión sentimental del acontecimiento y nos dice, en certificación fechada en 1919 y conservada por Margarita Román, que “... subiendo por el bosque de la Adelfilla, al partido Cara Genal, a unos dos kilómetros y medio del pueblo, vio salir a un lindo niño de muy pobre atalaje... a quien ofreció sus alpargatas y posteriormente sus hombros hasta que, cansado, llegó a una fuente conocida por la Adelfilla que en un risco aún brota, a la derecha del antiguo camino de Gibraltar, y dijo “niño precioso y hermano, dame licencia para beber un poco de agua y descansar, que me habéis hecho sudar”, bajo el niño incontinente, púsole Juan al abrigo de un árbol. , y al volver vio como le entregaba una granada entreabierta... diciéndole... te llamarás Juan de Dios y Granada será tu cruz, testimonia este hecho de mi aparición legando a Gaucín una imagen que me represente Niño...y pasado los días... disfrazado de soldado, llevando envuelta la imagen, se encaminó a Gaucín pernoctando en el mesón de los Álamos, sito en la hoy calle Luis de Armiñán”.

 

 

 

 

Y, continúa nuestro cronista: “al alba del para nosotros memorable y trascendental día ocho de septiembre de los años 1540 al 46, festividad de la Natividad de nuestra Señora, y en ocasión de hallarse la guarnición en el vetusto Castillo del Aguila, que sirvió de defensa a esta población, oyendo la Santa Misa en su Ermita de la Encarnación (primitiva mezquita,  que aún subsiste dentro de los muros de aquel –puede observarse en una hendidura que se aprecia al final de la subida al Castillo, junto a la entrada principal, como se aprecia en la foto que se inserta en el texto-, convertida en capilla católica, al ser tomada de los moros la villa, por su primer Alcalde cristiano, el Capitán Pedro del Castillo, el 27 de mayo de 1485, cuyo nombramiento recibió éste en Ronda del Rey Católico, D. Fernando V de Aragón) penetró en el recinto murado sin ser visto por los centinelas y sin decir palabra, entrando en el templo avanzó hacia el Altar del Celebrante, sin extrañeza de éste, y colocó sobre  aquel la preciosa imagen del Niño Jesús, vestido con sencilla túnica, potencias, en la mano izquierda un mundito de cristal y la derecha en actitud de bendecir (cuya linda efigie, por lo correcto y espiritual de sus líneas, es considerada como una maravilla del arte cristiano y parece pertenecer a la escuela sevillana fundada en la mitad del siglo XVI por Pedro Torrigiano, que  -según mis noticias, había venido en 1516 junto al también artista italiano F. Torni- y trabajó en aquella época en la ciudad de los Carmenes) hecho lo cual el misterioso soldado desapareció cual entrara, sin que después las autoridades pudieran averiguar cosa alguna de él en la villa, hasta pasados algunos años... que confiara (Juan de Dios) bajo secreto de confesión al sacerdote que dirigía espiritualmente la guarnición del castillo; aun cuando existen otras versiones acerca del origen de la imagen, en mi sentir la expuesta es la mas admisible, apoyando mi aserto D. Pascual Madoz en su diccionario ... libro VII, pg. 33, el portafolio fotográfico de España, región andaluza, provincia de Málaga, D. Manuel Mallén, C.M.F de Gibraltar, en una trabajo que con el título de “Preparación de San Juan de Dios para su apostolado” hizo en 1909, en otro del cura, arcipreste y vicario de Gaucín, Ldo. D. Antonio Oña García, también de igual fecha y por tradición oral constante; afirmando el hecho de la aparición del Niño Jesús los reverendos padres Luis Coloma, Francisco Butina de la Compañía de Jesús y Fray Luciano del Pozo, cronista de la Orden Hospitalaria”.

 

 

Hasta aquí el relato del cronista.

 

Yo he querido ensoñar, fijar mis ilusiones, explicar el suceso que se desea y se piensa con placer, y, porqué no, imaginar la vida o las cosas que sucedieron aquel atardecer en la fuente como algo bueno que merece que sucediera, pero sin cubrir el hecho con sombras, pues la oscuridad no es posible en Gaucín.

 

En los últimos años, se ha vuelto a tratar el tema. Benavides Vázquez[22] tiene datos sobre los primeros intentos de sacralizar el lugar de la aparición del Niño Jesús y nos dice que la tradición asegura que cuatro años después del encuentro de Juan Ciudad y el Niño Dios (1540), el mismo Juan de Dios, el día 7 de septiembre, llegaba a Gaucín por la noche con una imagen del Niño Divino, y a la hora de la misa de alba el día 8, fiesta de la Natividad de María, entraba en la Parroquia, hoy ermita del Santo Niño Dios, y depositaba en su altar tan preciosa dádiva del cielo.

 


(Entre 1622 y 1688 vivió el escultor granadino Pedro de Mena, y posiblemente la imagen perteneciese a la escuela granadina donde aprendió este celebre escultor, pues los rasgos del Niño son parecidos a los de los Niños de Pasión que he visto en el Monasterio Cisterciense de Santa Ana de Málaga. Aunque la hipótesis que aventura Ubaldo de Molina no es descartable, dada la analogía entre nuestro primer Niño y el que mantiene en brazos la virgen en la escultura de Torrigiano – inserta en el texto - que se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Sevilla).

 


Después de creada la nueva Parroquia y asentada en la actual Iglesia de San Sebastián, debió construirse la ermita del Santo Niño, que es del XVII, en el impulso comercial de Málaga que alcanzó a toda la provincia y que hizo que las autoridades eclesiásticas emprendieran una activa política de construcción y reparación de iglesias, que culminaría en 1719 con la continuación de la Catedral, fecha coincidente con las obras del interior de nuestra ermita, en el que destaca el camarín de San Juan de Dios que se realizó en los años 1719-20.

 

La transición al barroco se patentiza en el diseño, que está animado en su interior con una decoración de yeserías blandas y carnosas de significación retórica, susceptibles de modificaciones por la luz, que logran un efecto mágico e irreal.

 

Esta decoración, de preciosas yeserías, recargadas de florones de estuco, es particularmente profusa en la cúpula y en el agregado arquitectónico que supone el camarín de San Juan de Dios, que tiene un acceso indirecto y situado en el lado del evangelio del altar de la ermita. Su decoración creo que se asemeja a la de la

 

 

Iglesia de San Juan de Dios, de Antequera, prototipo del barroco eclesiástico dieciochesco.

 

El santo que, como he dicho,  es una escultura en madera policromada del XVII, refleja el dolor y la caridad en la firmeza de los rasgos y en la mirada que se traspone. Existe un relicario que se encuentra en el Altar de la capilla del santo en la Ermita del Castillo y que es ofrecido a la veneración de los fieles, como puede apreciarse en la fotografía que pone fin a estas notas.

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Juan José Tamayo: “¿qué futuro tiene Dios?”, en 21 Pistas para el XXI, El País, 2.2.2000, pg.12-13.

[2] Es el numero 28 del Coro del Sr. Deán, entre las figuras de Santa Teresa y la última silla de San Hermenegildo, según se describe en “Descripción histórica que de la Catedral de Málaga hace su Canónigo Doctoral Miguel Bolea y Sintas”, Facsímil Universidad, Universidad de Málaga 1998, 324

[3] Citado por Braulio Novella en “San Juan de Dios. Testigo de amor a los más pobres”. F. Benavides, en el trabajo anteriormente reseñado, también cita a De Castro, y hace constar en que éste en su “Historia de la vida y sanctas obras de Juan de Dios... Granada, Casa de Antonio de Lebrixa, 1585, ed. Fac. 1995”, no recoge el episodio. Sin embargo si lo citan Dionisio Celi, en “Miraculosa vida y santas obras del beato patriarca Juan de Dios... Burgos 1618", Juan Santos en “Chronología hospitalaria y resumen historial del glorioso patriarca San Juan de Dios, Madrid, 1715” y Manuel Trincheria en “Pasmosa vida, heroicas virtudes y singulares milagros... del glorioso San Juan de Dios... Madrid, 1773”.

[4] En la web oficial de la Orden, “sanjuandedios-oh.es”

[5] El santo Niño de Gaucín y la leyenda de San Juan de Dios, en su obra “Leyendas y Tradiciones malagueñas”, transcrita en Cuadernos de Historia Local, editado por el Ayuntamiento de Gaucín en 1990.

[6]  O.c. pg. VII

[7] Angel Santamaría Martín, “este Juan es un Santo”, editorial Provincia de San Juan de Dios (Castilla), Madrid, 1992. El poema de titula “Junto a la fuente, Juan Ciudad reposa”, con la indicación “1536: Descansa con sus libros en la fuente Adelfilla, cerca de la Villa de Gaucín”.

[8] Citado por Benavides en el trabajo reseñado en la nota 2.

[9] Escrita en 1607 (apenas 70 años después de acaecida, y, por lo tanto, digna de tradición oral) e impresa por primera vez por Alonso Martín en 1618. Ver la edición de “Obras Escogidas” de Lope de Vega y Carpio, F., en Madrid Aguilar, 1946, T. III, pg. 424.

[10] Alfredo Muñoz Hidalgo, “De Juan Ciudad a Juan de Dios. Psicología de un gran amante”, Ediciones 29, Barcelona 1990, pg.71-78.

[11] “Juegos Florales”. Con motivo del IV centenario de la Muerte de San Juan de Dios. Granada, 1952, reseñado en la web gaucintv.

[12] Editorial Aedos, Barcelona, 1958. Reseña en gaucintv.

[13] Su fotocopia me fue facilitada por la Archivera de la Casa de Los Pisa Doña Margot Corbacho Reguera

[14] “La Catedral de Granada”, Miguel López Rodríguez, Ediciones Aldeasa, 2001, 24

[15]Análisis formal e iconográfico de la Escultura de San Juan de Dios de la Ermita del Santo Niño de Gaucín”, Programa de las Fiestas de 2002, editado por la Hermandad. Posteriormente, este articulo ha sido reproducido en la página “Gaucín” de la Revista “El Genal y el Guadiaro. La Serranía”, num. 18, septiembre-octubre 2002, pgs. 26 y 27

[16] El cuadro de Claudio Coello (1642-1693), figura en la “Colección de Pintura Antigua Española y Flamenca de los siglos XVI y XVII”, de la Fundación Cultural Forum Filatélico, que se expuso en el Palacio de Villardompardo, de Jaén, en el mes de febrero de 2001. Según el catálogo, esta colección recoge, entre otras, obras procedentes de patrimonio familiares desmembrados, como en el caso del de Claudio Coello. Se nos indica que, aunque de incierta cronología, podría tratarse de obra realizada en fecha próxima a la canonización del santo en 1691.

Me interesa poner de relieve que nuestro pueblo figura expresamente citado en dicho catálogo, al decir que “quizá pudiera identificarse esta escena con el pasaje de la vida del santo, según el cual el Niño Jesús se le apareció en la Fuente de la Adelfilla de Gaucín (Málaga) para advertirle que la ciudad de Granada sería su cruz”.

[17] Hay otros cuadros con Juan de Dios como protagonista, como los de Sorolla (“La triste herencia”), Gómez Moreno (“San Juan de Dios”), Murillo (“La caridad”), una litografía de Roberts y un “María y San Juan de Dios”, en Granada, de la Escuela vienesa, así como esculturas como la de Alonso Cano en Granada o la de Palencia. Braulio Novella en la op. Cit. Señala como muchos artistas se inspiraron en la obra de Juan de Dios y, aparte de los ya nombrados, hace referencia a Zurbarán, Mora, Mena, Risueño, Valtmijana, Vela Zanetti...

[18] Ver el documentado trabajo de Francisco Benavides Vázquez, del Archivo-Museo Casa de los Pisa de Granada, presentado bajo el titulo de "La Ermita del Niño Jesús de Gaucín: Un proyecto difusor de la devoción a San Juan de Dios", em el “VII Congreso de Folclore Andaluz, Las Romerías como manifestación del sentir popular”, Jaén 1998, editado por ACOFA-Andalucía, con el patrocinio de la Diputación Provincial de Jaén y el Centro de Documentación Musical de Andalucía, Jaén 2000, pgs. 77-98.

En esta histórica fotografía me gratificó sobremanera ver a mi padre –que asimismo, según el propio autor, suscribe un  manifiesto para constancia de un hecho milagroso- y a mi suegro

[19] Citado por el propio Benavides, con referencia a “La Hormiga de Oro”, 28 de octubre de 1922, pg. 684.

[20] “Juan de Dios loco en Granada”, en capitulo 15, “El buhonero a las puertas de Granada”, Gibraltar, Granada, 1538. Ediciones “Sígueme”, Salamanca, 1996, pg. 284 y ss.

[21] La bibliografía sobre el tema de Gaucín es abundante y Javierre cita a G. Rusotto “Lope de Vega e san Giovanni di Dio”, Torino 1954; M. De Mina, “San Juan de Dios en el Teatro de Lope de Vega”, Labor Hospitalaria 1953; G. Magliozzi “Pagine juandediane”, Roma 1992; A. Rodríguez “A vida aventurosa de Joao Cidade”, Porto 1963; A. Muñoz Hidalgo “De Juan Ciudad a  Juan de Dios”, Barcelona 1990; J. Cruset “Una aventura iluminada. Juan de Dios”, Madrid 1977. Novella cita a Gómez Moreno, M. “Primicias históricas de San Juan de Dios”, Granada, 1976; E. De Cabo “La perpetua andadura”, Madrid 1967. W. Hunermann “El mendigo de Granada”, entre otros.

[22] Ver el trabajo citado en la  nota 4.