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Apuntes para la historia religiosa de Gaucín: Iglesia Parroquial de San Sebastián PDF Imprimir E-mail
Escrito por administrador   
Miércoles, 19 de Noviembre de 2003 18:44


 

 

INTRODUCCIÓN.

 

“Introito ad altarem Dei...”, repetitiva y cansina frase que rebotaba en nuestras cabezas infantiles hasta que, como tantos latinajos, la aprendíamos de memoria. Recuerdo en nebulosa las mañanas de rodillas ante el altar, ayudando a misa, sin comprender las palabras en latín,

 

pero que, sin embargo, retenías y recitabas reiterativamente... como la vida misma, hasta que llegue el momento de decir el fatídico, y gozoso, “Item misa est”, para que los que se quedan atrás asientan convencidos el definitivo, para ti, “Amen”...

 

Con este artículo inicio una serie de apuntes sobre la historia religiosa de nuestro pueblo. Carezco de datos sobre nuestras creencias islámicas y anteriores, por lo que,  consciente de esta limitación, tomo el discurso en los albores del siglo XVI.

 

 

I.- PATRIMONIO ARTISTICO.-

 

I.1.- LA IGLESIA.-

 

Después de la conquista de los Reyes Católicos, que habían dado ordenes concretas para cambiar la faz musulmana y para implantar los rasgos visibles de la nueva religión en los lugares reconquistados, la Iglesia de San Sebastián debió ser erigida en los primeros años del s. XVI[i], sobre lo que fuera la mezquita y alminar (que no faltaban en cada núcleo de población de la provincia, por pequeño que fuese[ii]), al pie del Castillo árabe, aprovechando éste como campanario. Me recuerda el minarete de San Sebastián, de Ronda, y la torre de la Iglesia de Santiago en Málaga, ambos ejemplos del mudéjar andaluz.


 


Las primeras noticias  - ya en el siglo XVI - hacen referencia a la imagen traída por  Juan de Dios en 1540, y queda constancia en los legajos de la Catedral de Málaga en que figuran los primeros libros de nacimientos, de 1562. No me consta que se viera afectada por el terremoto que en 1580 derribó la parte norte de la Iglesia de Santa María de Ronda.

 

Ya sea por el deterioro de la obra realizada para adaptación de la mezquita o por exigencias de una ampliación, fueron realizadas obras en el siglo XVII - dentro de la renovación parroquial acordada por el obispado en 1601 - por el maestro Pedro Díaz de Palacios, que es el mismo que realizó las obras del Coro de la Iglesia Catedral de Málaga entre 1600 y 1631[iii].

 

El exterior presenta una portada de ladrillo, con arco rebajado entre columnas y frontón triangular,  y una sencilla torre cuadrada de dos cuerpos y vanos de medio punto en el cuerpo de las campanas que aparecen separados por pilastras adosadas. Hoy tiene las puertas rojizas, tal como las hubiera pintado Bertucchi, igualando a las de las ciudades marroquíes, para entrar por ellas como quien entra en el corazón del pueblo.


 

 


La Iglesia, de gran empaque monumental a pesar de su escala relativamente reducida, presenta una planta complicada por la adición de capillas de época posterior a su primitiva edificación[iv]. En el interior tiene tres naves, separadas por pilares de núcleo cuadrado con medias columnas adosadas que voltean arcos peraltados y se cubren con armaduras de maderas conservando la central tirantes de lazo. Esta es la más elevada, cubierta de armadura mudéjar, a la que se ha añadido una cabecera cupulada. El presbiterio sobre gradas de forma rectangular rematado por el altar mayor que es muy similar en su estructura al Retablo Mayor de la Iglesia de San Juan de Dios, de Antequera,  también del primer tercio del siglo XVII, teniendo el nuestro el añadido del extremo derecho para el acceso a la Sacristía; se cubre con casquete esférico sobre pechinas, abriéndose a ambos lados dos capillas cuadradas (una de acceso directo) cubiertas con bóvedas de arista con ornamentación barroca.

 

En relación con la puerta de acceso a la Sacristía, últimamente ha aparecido un curioso documento, encontrado entre los tableros de dicha puerta, en el que consta que la misma se hizo por los Maestros Tallistas Manuel de Torres (de Málaga) y Mateo González Pacheco (de Mijas y vecino de Gaucín) y el ensamblador Juan Martín (Maestro Carpintero de Igualeja, que asimismo hizo la puerta de la Ermita del Santo Niño). El documento se introdujo el día 10 de diciembre de 1726 [v]. La fabricación se hizo “a honra y gloria de Jesús Nazareno y del Santo Niño Jesús titulares de la Iglesia de Santa María de la Villa de Gaucín y en nombre de dichas majestades se hizo esta puerta a devoción de los vecinos...”, según consta en dicho documento.

 

Junto a la nave del Evangelio hay otras dos capillas, estando una de ellas paralela al eje de la iglesia y conformando una especie de iglesia autónoma aunque mas pequeña. Tiene un patio de desahogo, al que le ha sido sustraído recientemente parte de su suelo para serle adosado una vivienda que desdice la arquitectura primitiva. Este patio da a la calle Alta, trasera, con un acceso mediante una reja artística.

 


 


I.2.- ORFEBRERIA.-

 

En la revista Jábega /49 (pgs. 67-70) se inserta una trabajo titulado “Orfebrería de la Iglesia de San Sebastián de Gaucin”, de Manuel Capel Margarito, en el que hace un estudio de las piezas de orfebrería de su Iglesia Parroquial, según noticias que dice le ha facilitado la señorita María Isabel Cantudo Mendoza, en el que se describen dos cálices (uno de ellos del cordobés Santacruz y Zaldua), dos copones (uno de Martínez Moreno), dos ostensorios (uno del malagueño M. Marín) y un portaviáticos del platero M. Blanco, - de plata, plata en su color o de plata  sobredorada con esmaltes -, que estima deben incorporarse a la importante nómina de plateros malagueños del siglo XVIII.

 

 

II.- PATRIMONIO DOCUMENTAL.-

 

 

En cuanto al patrimonio documental, los Libros Parroquiales se reducen a los correspondientes a finales del siglo dieciocho en adelante.

 

El acervo fundamental de sus Libros se encuentra en el Archivo Diocesano y contienen los siguientes asientos [vi]:

 

El libro de Bautizados empieza en el de los años 1562-84 y el último (de los de este archivo) es el 27 de los años 1879-1882.

 

El libro de Desposados, empieza en el correspondiente a los años 1570-77, hasta el número 17 de los años 1873-88. El segundo libro se denomina de Velados y Casados y comprende los años 1573 a 1559. En el Libro 16 (Legajo 424, num. 1), al folio 97 figura inscrito el matrimonio de mi abuelo Salvador Martín Jiménez con su primera esposa Lucia Cañamaque Sanjuán, el día 30 de junio de 1869, y al aparecer en ella la necesidad de licencia por consanguinidad, el Archivero me proporcionó de inmediato el correspondiente expediente (948 de  dicho año), en el que aparecen, entre otras curiosidades, el árbol genealógico hasta los padres comunes (Nicolás Jiménez Guerrero y Josefa Lozano Estero) apareciendo el Jiménez con jota, mientras que en la Bula pontificia de dispensa aparece el Giménez con G, lo que es mas acorde con las inscripciones coetáneas del Registro Civil [vii] donde aparece siempre el apellido como Giménez, hasta el año  1890 en que se empieza a escribir con el Jiménez actual.

 

El Libro de Difuntos se inicia con el correspondiente a los años 1650-1703 y termina en el número 20, de los años 1888 a 1896. El primer folio del libro de difuntos indica: “Gauzin = Libro en que se escriben los nobenarios Y missas cantadas que se dicen por defuntos, comensose este año de mil seiscientos y cinquenta, siendo benefdo. y colector el Lizdo. Alº. de Cassas Navarro. ==== 1650”, figurando como primer difunto “Bartolomé hijo de Be. Sánchez Barroso se enterro conoffº. de medias honrras en diez y seis de junio de mill y seisc.tos y cinquenta. Dixo la missa de cuerpo presente en – el Ldo. –Illescas. Dixo la de Concepción este día el Padre – fr. Augustino.”

 

 

III .- LAS TABLAS LATERALES DEL ALTAR MAYOR.-

 

En esta primera visión de la historia religiosa de nuestro pueblo, que se concreta a la Iglesia de San Sebastián, voy a detenerme, por último y como aportación más personal, en el estudio de las tablas laterales del retablo del Altar Mayor.


 


Éste está adornado con diez tablas en cada uno de los lados de las columnatas, que representan, por parejas, alegorías o símbolos en honor de la Virgen, lo que no se corresponde con la dedicación de la Iglesia a San Sebastián. De todas formas, el Archivero Diocesano,  Miguel Vega Martínez, que me atendió con su característica amabilidad en la consulta que hice a los Libros de la Parroquia de Gaucín, me ilustró que, después de la conquista de los Reyes cristianos casi la totalidad de las parroquias fueron dedicadas a la Encarnación y que posiblemente la de Gaucín también lo fuera, lo que pudiera explicar las tablas al óleo alusivas a los atributos de la Virgen.

 

Las que están representadas en el retablo son el sol y la luna; una fuente y un pozo; un ciprés en un huerto y una palmera; una custodia/espejo y un pórtico; y una torre con paisaje urbano y otra muy deteriorada sobre la que han superpuesto una copia del pórtico. También, en la parte baja, hay dos medallones en forma de rombo y signos arábigos y, en el de la izquierda, además,  un florero sobre fondo negro, muy decorativo.

 

Parece ser, según me confirma el Archivero Bibliotecario de la Catedral de Jaén, José Melgares Raya, que hacen referencia a alegorías de la Virgen, al igual que aparecen en el pórtico de la Iglesia de la Concepción de Baeza. Y, después, lo he podido comprobar que en otras muchas representaciones marianas de las provincias de Jaén, Granada y Málaga,  dado el decidido apoyo a las tesis inmaculistas de los siglos XII en adelante hasta la definición dogmática de Pío IX en 1854[viii]. En la capilla del Duque, en Sierra Nevada, existe una deliciosa Inmaculada – que reproduzco en el texto – en la que se ven la mayoría de los atributos.


 


Como es sabido, en la polémica polarizada en los dominicos, contrarios a la creencia, y la posición favorable de los franciscanos, a los que luego se unieron los carmelitas, los símbolos también jugaban su papel. En el apogeo de la discusión, después de Trento, fundada la compañía de Jesús en 1537 y pasada las posturas tibia o nula de Carlos I y Felipe II, el hijo de éste tomará partido y establecerá en 1616 una Real Junta de la Inmaculada Concepción. Esto debió afectar a nuestra parroquia, que posiblemente por dichas fechas encargara el Retablo a las escuelas sevillana o granadina (los Machuca, Sebastián de Solís, Salvador de Madrigal...) y, pese a la dedicación a San Sebastián, tuvieran empeño en mostrar su fervor mariano encargando las referidas tablas.

 

Se encuentran símbolos apocalípticos (el sol y la luna) y de la Letanía Lauretana (el resto), sin que estén representados los símbolos del Génesis (serpiente, globo, manzana) o del Antiguo Testamento (el paraíso, el Arca, la Paloma, el arco iris, la escala de Jacob, la zarza ardiendo, la vara de Aerón, el arca de la alianza y el vellocino de Gedeón).

 

Los dos primeros fueron difíciles de fotografiar pues están en los laterales, frente a los muros y son los únicos que tienen coloridos distintos al ocre y a las tierras de los pertenecientes a la Letanía. Todos están cubiertos por la suciedad del tiempo y el efecto de los humos de las velas, hasta el punto de que pocas personas se han apercibido de ellos: Antonio Sanchez, el Párroco, me lo confesó paladinamente y el propio Deán de la Catedral, nuestro convecino Paco Mota, por otro lado gran erudito de temas sacros, me decía que no había reparado en las tablas. Quizá ello haya contribuido a que aún estén unidas al retablo y no siguieran la suerte de la sillería del coro o de la rejería y demás elementos del desmantelado órgano. Por si acaso, me he permitido hacer unas copias al óleo sobre madera de nogal que inserto en el texto.

 

El sol y la luna se corresponden con dos de los tres símbolos (el otro es la corona de doce estrellas) con que San Juan describe la terrible visión de la nueva Eva. La verdad es que solo sería apocalíptico el Sol –resplandeciente en parangón con la belleza de la Virgen- , pues la luna no se corresponde exactamente con el de la luna creciente –normalmente como peana de sus pies- . La Luna que aparece en el Retablo sería análoga a las que más tarde aparece en las figuras de la Pulcra, junto a los restantes símbolos que evocan la pureza de María, basados en el Cantar de los Cantares y que en el siglo XVI se convertirían en la Letanía Lauretana, en la que coinciden asimismo los símbolos celestes.

 


De estos símbolos (que son variables según las representaciones iconográficas, y que llegan en algunos retablos o pinturas al número de quince), están representados en nuestro Retablo los siguientes:

 


Los dos acuáticos (la Fuente y el Pozo de aguas vivas, atributos de la virginidad y de notorias connotaciones con la sabiduría).

 

Tres arquitectónicos: el Huerto o jardín cerrado, asimismo expresión de la virginidad, aunque no se si responde a este símbolo o al arbóreo del Ciprés que es el elemento destacado en esta tabla. La Torre, Turris David, metáfora aplicada a la Esposa y también con implicaciones sobre la virtud de la fortaleza. Y la Puerta, que expresaría el papel mediador de María en la Salvación, como escalera de Jacob y puerta del cielo, o antesala de la ciudad de Dios. En la tabla “La expulsión de Joaquín” del coro de la Catedral de Jaén hay una portada, tridimensional, con la misma hechura: columnas torneadas y arco rematado con un adorno, que es típico de la Puerta Dorada en el Abrazo con Santa Ana, uno de los símbolos de la iconografía preconcepcionista, en donde el arco de medio punto evoca la puerta de Jerusalén.


 



Un arbóreo –si prescindimos del ciprés como antes he explicado- que es la Palmera, expresiva de las nociones de triunfo y de victoria, aparte de ser distintivo en la época medieval de la castidad.

 


Y un objeto simbólico: el Espejo, espéculum sine mácula,  alusivo a la larga vida, con formato oval de elegante diseño.

En algunos de ellos –lo que acentuaría su origen en la escuela sevillana- se difumina el paisaje, acentuando la nota de lejanía con una línea de horizonte baja, distribuyendo los elementos en una paisaje teñido por las luces del ocaso.

                                                                                 


Junto a las tablas simbólicas, aparecen otros elementos barrocos, como ya he señalado, representados por las tablas cuadradas, dos de ellas con motivos mozárabes, y una representando el clásico jarrón de flores, también expresiones de atributos marianos, en especial, las azucenas y las rosas. Sobre un fondo oscuro de azules y tierra sombra tostada, se insertan nítidamente las azucenas, no solo blancas (pureza y castidad), sino coloreadas ( azucena entre espinas elogiada por el Esposo) por unas más difuminadas rosas rojas, como flor más representada en este tipo de lienzos y en toda la pintura barroca, símbolo de la inocencia de quien es rosas sin espinas, rosa mística de las letanías o rosa de Jericó en boca del Eclesiastés.[ix]

 


En la hornacina central de la parte superior, se encuentran asimismo floreros y otros motivos florales, que aparecen mejor conservados.

 



[i] Isabel Salgado en “Gaucín. Un aire cosmopolita”, en el Eco de la Serranía, núm. 1, pg. 23, dice que la Iglesia fue construida en 1505, sin citar la fuente.

[ii] Así lo indica Mª Dolores Aguilar en “Málaga”, Tomo III, “Arte”, Editorial Andalucía, E. Anel, Granada 1984,  pg. 760

[iii] “La Catedral de Málaga”, Lorenzo Pérez y José Luis Romero, Everest-2001,25

[iv] “Inventario del Patrimonio Artistico de España”, Madrid 1985, T. II, 331

[v] Recojo los datos de la web de Teodoro de Molina de Molina

  [vi] “Archivo Diocesano de Málaga”, Vidal González Sánchez, editado por Caja Sur, pgs. 103-105

[vii] En inscripciones mas antiguas, figura “Ximene”, como en el Catastro del Marques de la Ensenada. Ver mi articulo “Gaucin en el siglo XVII” en salvador.martin.name.

[viii] “La Inmaculada Concepción de María”, María Soledad Lazaron Damas, IEG, D.P. de Jaén, 2001.

[ix] En el libro citado en la nota anterior, así como en “La vida de la Virgen en el arte Giennese de la Edad Moderna, de la misma autora y editorial, 1997, aparece una abundante iconografía, destacando por recoger los atributos que he señalado la portada del convento de la Concepción de Baeza, “Mullere amica sole” en la clausura del convento de Santa Teresa de Jaén y “Encarnación” en el convento de las Bernardas.