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Gaucín en sepia PDF Imprimir E-mail
Escrito por administrador   
Sábado, 01 de Noviembre de 2003 18:46

 


 NOTAS A PIE DE FOTO

Cuando todo se hace fugaz y la vorágine de la imagen televisiva no nos permite el sosiego de la contemplación gozosa, se agradece rescatar del olvido las viejas fotografías, arrancarlas de los álbumes o sacarlas de las oxidadas latas de membrillo y mostrarlas de nuevo.

Es necesario evocar el pasado a través de estas estampas lejanas en el tiempo, pero palpitantes, que nos permiten recordar un detalle importante de nuestro pasado, señalar una silueta o una cara semiocultas que nos trae a la memoria vivencias de nuestra niñez o adolescencia. Incluso, y no será extraño, sucesos a lo mejor no vividos. Encontrarse de frente con el pasado es algo mágico y fascinante. Posiblemente, aunque no hayamos vivido aquellas formas pretéritas, nos servirán para inventarnos cómo fueron aquellos tiempos, las gentes que lo transitaron y las aventuras que forjaron.

 Tiene una limitación este propósito de desempolvar lo que fue de Gaucín. La dificultad de acopiar material, por el temor de algunos a desprenderse de su intimidad, por las ausencias de la emigración o por otros factores, que espero que en nuevo intento de recuperación de nuestra memoria colectiva, se subsanen y sea posible este propósito de divulgación de esta muestra de nuestro patrimonio cultural que es la memoria gráfica, a punto de desaparecer.

 

Vayamos, pues, con una primera entrega de viejos recuerdos. Al propio tiempo, sirva de invitación para que enviéis alguna foto a la que tengáis especial cariño; si la mandáis con vuestros comentarios, mejor, en otro caso, yo se los pondré.

 

 

1.- LA CARRERA (1954) .-

 

 

 

! Cuantos paseos ilusionantes, qué de frases susurrantes...! Interminables idas y venidas, desde la Plaza a la Carrera, quizá la aventura de llegar a la Venta la Morena... y, al final, mientras el sol enrojece el mar Estrecho, los descansos sobre los espaldares de los bancos, con sus baldosines blancos y verdes, en eternas charlas de inocentes propósitos, de alocados proyectos, de...

Aquí están Sebastián, Conchita, Isabelita, Salvador, Salvadora, Pepe.

Podrían ser Juan, Teresa, Emilio. Quizá Pilar, Francisco, Teodoro o Francisca... la juventud de los cincuenta.

 

 

2.- LA MATANZA (1930) .-

 

 

 

 

El entrañable rincón de la Rubia, con sus rizos a lo Estrellita Castro.

Memoria de un rito ancestral, buscando la sangre que aglutina la sin par morcilla, el tocino "entreverao", los prietos jamones salados con el tiempo, el sabroso chorizo o el inolvidable lomo "embuchao".

Sin que falten, junto a Fajardo el Maestro matarife, sus ayudantes, el dueño del animal, la vecina solícita, la amiga interesada en el primer trozo asado, el mirón con su mulo y, por supuesto, el niño dispuesto a acelerar el sangrado moviendo nervioso y aún adormecido el rabo del moribundo marrano.

Desgraciados los tiempos actuales, en los que no tienen cabida estos rituales inolvidables.

 

 

3.- PRIMERA COMUNIÓN (19, mayo, 1955).-

 

 

 

No me importa no identificar a algunos de los niños, aunque me parece reconocer a José Antonio Nieto, Rosendo,Manoli Godino,  Maribel Ortega,Pedro Godino y Miguel Vázquez, entre otros. Pero ahí estaban, con sus vestidos blancos, sus trajes nuevos -para muchos el primero de su vida-, salidos de la mano de Anita Ocaña, de sus tías o de sus madres. Ahí están, en una piña de fe y esperanza,   escoltados por tres angelotes con alas (Ermelinda Portela, Isabelita Martín y Antoñita Martín), un hombretón con sombrero (José Andrades, el Indianito, el del chorro de la calle Larga), dos mujeres de luto (una de ellas, Mariana Martín) y algunos padres orgullosos y curiosos (Enrique Domínguez, Diego Herrera, Antonio de Molina).

Pasan sobre la calle de piedras milenarias, observados por las vecinas semiocultas en sus cortinas de cañas y juncos amarillentos.

 

 

 

4.- EL BAR DE ANTONIO MOLINA  (1960).-

 

 

 

 

Cuantos recuerdos entre sus paredes...

Desde que era Sociedad Cultural o Casino, pasando en 1956 a explotarlo directamente Antonio y Anita, hasta que se cerró en manos de Clemente Cantudo, «Zaragata». Era el único del pueblo que tenía un zaguán acristalado en la entrada. Y el más amplio y adecentado.

Las partidas de cartas y de dominó; las tertulias de amigos; las confidencias de novios con dos copitas de vino fino o una gaseosa de las de bolita, que duraban toda la tarde porque no había dinero para más.

Las tardes de verano en la terraza repleta de macetas y flores, olorosos jazmines y sedosos geranios, con vistas a las sierras de Cortes de la Frontera y mirando a los pocos coches que circulaban por el Puente.

Y las famosas tapas de filetitos a  la plancha, ensaladilla de habichuelillas con ajillos,  sardinillas en moraga,  alcachofas rebozadas...

O, como en la foto, los desayunos de las primeras comuniones, con Antonio Godino, el Alcalde, y señora en una mesa y en el corrillo los señores Maestros y catequistas junto a don Diego, el Cura.

 

 

 

5.- LAS DESPEDIDAS (1962).-

 

 

 

 

 

 

Aquellas comidas de homenaje o despedida a amigos que tenían algo que compartir o que se iban a otros destinos.

No le recuerdo bien, pero creo que se lo dábamos al anterior Secretario del Ayuntamiento y lo celebramos en la Pensión Andaluza, cuya patrona Manuela Molina aparece a la derecha de la foto, junto a las chicas que le ayudaron, como flancos blancos a la oscura caterva de amigos.

Lo que me llama la atención de esta instantánea es que mas del 70% de los comensales ya se han ido de este mundo: José Romero, Antonio Martín de Molina, Antonio Martín Domínguez, Enrique Aguilera, Gabriel Martín, Manolo Serrano, Joaquín Nieto,  Santos de Molina,  Manolo Nieto, Tomas Vizcaíno, Sebastián Martín, Antonio Molina, Apolinar Larqué, Pedro Moyano, Eduardo Tejada «el practicante», Alfonso Nieto, José Moyano.

Bien merecen ellos una despedida y un cariñoso recuerdo. Y nosotros, que lo podamos contar unos años más.

 

 

 

6.- CABALGATA DE REYES  (1957) .-

 

 

 

Ya vienen los Reyes

por la Carrasquilla

y la señá Juana

haciendo morcilla.

 

Pero aquel año, venían por la calle del Convento y se pararon en la esquina de la Notaría, escoltados por la motorizada de aquellos tiempos: Edmundo y Enrique en primer término, y Paco y yo mismo al fondo, dirigidos por Eloito.

No puede negarse la abundante concurrencia de público.

 

7.- AQUELLOS DIAS DEL DOMUND (1957)

 

 

 

He aquí la primera respuesta a mi llamada de colaboración: os invitaba a enviar fotografías antiguas y Pepi y Jesús son los primeros en responder.

Como en aquellos tiempos, en que la solidaridad se mostraba a través de una hucha, como las que tienen en las manos estos  cosmopolitas colaboradores del Domund: las princesas hindúes  María Angeles y Antoñita, el maduro sacerdote Apolinar Medina y   la madre abadesa Angelines. En el centro, la monja y querubines, María Isabel, Yolanda y María Angeles, blanca portadora de un  Niño con peluca. Tampoco faltaban la hija del mandarín, Manoli;  y, por supuesto, el Sr. Obispo Manuel, así como la amalgama  del misionero Francisco, la princesa japonesa Inmaculada y la monja Vitorita. Y, ya mas cercanos, los chinitos Adelaida y Prudencio; una figura borrosa que serían todos los niños de Gaucín, el sultán turco Jesús y el cierre mas infantil con los misioneros Luis y Teodoro.

Todo un elenco de buena voluntad que, de seguro, tendrá su recompensa. De momento, nuestro amigo Apolinar llegó el primero a recoger el fruto de la Alegría.

 

 

8.- EL SALON POSADA (1951).-

 

 

Verbenas de Fin de Año.


Eran de las pocas ocasiones en que te daban alguna libertad para romper las noches con ilusiones.

Y nada mejor para ello que el Salón Posada, adecentado con sus paredes blancas.

Allí concurrían para adornarlo, Joaquín y Manoli, Salvadora y Teodoro, María Isabel y Mari Tere, "la del Capitán". Con sus trajes emperejilados, sus pamelas y peinetas, sus gorros baturros o turcos. Y, mas solemnemente, Pepe Faura con el traje de etiqueta, militarmente arrodillado ante las bellezas que le rodeaban.

Cuanta nostalgia y que pena que el Indianito tuviera que cerrar aquel Salón que nos parecía regio... porque encerraba lo mas suntuoso de nuestras ilusiones juveniles.

Verbenas que terminaban, como Dios manda, recibiendo al Año Nuevo en la Misa de 7 de la Parroquia -con más de un escándalo- con sonnolientas preces y soñadoras esperanzas que, a veces, cristalizaban en un nuevo noviazgo. Como el de aquel año.