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Pregón al Cristo del Perdón de la Asomada PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Lunes, 22 de Junio de 2009 07:33

Queridos amigos y Cofrades del Santísimo Cristo del Perdón de la Asomada:

Tengo la satisfacción de pregonar el comienzo de las fiestas organizadas por la Cofradía y es forzoso dar las gracias por permitirme ser pregonero de este Cristo y tener la oportunidad de cantar las alabanzas que se merece esta tradición. Y lo hago con agradecimiento y esperanza.


Palabras de gratitud, a la Junta de Gobierno y a su Hermano Mayor, que tomó el riesgo de encomendarme esta tarea, de la que espero presentar un resultado satisfactorio y a los que doblemente agradezco la grata sorpresa que me han dado al imponerme la medalla de la cofradía. Reconocimiento que hago extensivo, en este momento, a las cariñosas, aunque excesivas, expresiones de la anterior pregonera, mi entrañable amiga Cristina Nestares, que movida por su amistad han llegado a ruborizarme. Hago míos, no obstante, sus elogios y como una atención a la Cofradía que hoy nos reúne.
Y,  antes de entrar en materia, he de reconocer mis propias limitaciones. Si yo tuviera una pluma certera, habría desgranado una historia, para enmarcar con precisión y agudeza el hecho que se encierra en nuestra Ermita. Si  tuviera capacidad para ello, habría descrito con las pinceladas que se merece todo el entorno encantador en que se enmarca nuestra piadosa costumbre. En fin,  si fuese poseedor de un verbo fácil, habría brotado de mi inspiración una poesía que reflejara con exactitud y belleza todo el esplendor de esta tradición tan atrayente.
De todas maneras, y aunque reconozco paladinamente mis incapacidades, os ofrezco este Pregón, fruto de mi amor por lo nuestro.

Sobre los datos históricos y costumbristas, ¿qué os voy a decir yo que no sepáis? Me vais a permitir que tampoco  haga cita de las fuentes solventes sobre la materia (Ximenez Patón, Madoz, Rodríguez de Gálvez, Bachiller, Picatoste, Dean Mazas, Arroquia, Espantaleón  y otros autores)



 


Bástenos recordar la celada que sufrieron los Caballeros de Ávila, al mando del Obispo giennense San Pedro Pascual cuando se dirigían a la Alcantarilla y mientras atravesaban la Vega del Guadalbullón, bordeando el  Puerto Alto y por el vado de Lerín, en el Puente de la Sierra, en cuyo recuerdo se levantó en el sendero un humilladero y en él, la Cruz de la Asomada como se le conocía antiguamente. Pasado el tiempo, con la desaparición de la parroquia de Otiñar, se convirtió en Parroquia de Santa Cristina.





Del entorno en el que nos movemos, sólo cabe decir que el hombre de Jaén es duro y bravo, como sus tierras, y sencillo y prudente como el olivo. Y se ha desparramado por sus alrededores, labrando y cuidando las tierras de Valparaíso, el jardín del Obispo,  las peñas de la Celada y la de Castro, las suaves pendientes de El Llano, los pagos de Pedro Codes, los Zumeles, Puerto Alto y Otiñar, sus molinos y batanes o sus inestimables huertas… todos los alrededores con su excepcional belleza paisajística que nos invita a imaginar la zona como espacio de frontera entre el reino cristiano de Jaén y el nazarí, con sus características de permeabilidad, encuentros y desencuentros, pactos y alianzas…  tierras en las que se asentaron las casas de los huertanos, centradas en la lonja, cubierta de una parra, con sus poyos de obra donde descansar y los arriates sembrados de flores …¿qué más se puede pedir para compartir la vida?

Y después vinimos los que buscamos una segunda vivienda o un recreo en este paisaje sin par. No es preciso, insistir en nuestras vivencias comunes, aunque me permitiréis que recuerde –aunque mi trayectoria es corta- las excursiones a los Cañones de Riofrío con sus chilancos… las gentes que  se desplazaban de Jaén a pasar el dia al fresco de las hermosas alamedas (cómo me duele todavía  la poda de las choperas que estaban en el actual campo de fútbol)… la fiesta grande, con la procesión y sus banderas, cornetas y sonidos de campana… la noche de San Juan siempre como algo mágico para los hortelanos…

En estos días es difícil abstraerse de las innumerables muestras de fervor religioso, en las que se entremezclan las demostraciones más antiguas  o de raíces populares con otras costumbres a las que se une el folklore, de  no menor emoción y colorido. La asistencia de fieles es incontable y el fervor nadie lo discute, aunque esté acompañado de celebraciones profanas.







Con estos mimbres, creo que estas fiestas que ahora se inician deben ser como un “encuentro”, en el doble sentido con que la tradición nos quiere explicar al Cristo de la Asomada y su ermita.

En primer lugar, como sitio privilegiado para esperar en la asomada al enemigo y tenderle una celada, en la que, al contrario de lo sucedido en aquella otra, le mostremos  nuestra comprensión, olvido y entrega, a imitación de nuestro Cristo del Perdón. En segundo lugar, como un vigía junto al camino se nos ofrece la Ermita de paredes siempre blancas, pulcramente encaladas, que despiden alegría y desde cuya lonja, sombreada de árboles, se divisa las sinuosidades del agua acariciando toda la Vega con el fondo de soledades de Puerto Alto y Otiñar

Asomada, Camino y Agua, esencias de nuestra Cofradía en las que quisiera ahondar para llegar al misterio  del Cristo del Perdón.






Esta evocadora palabra, Asomada, semejante a tantas otras que se desparraman por nuestra Andalucía –desde Andujar al Rocío- con el mismo encaje; el esperado “encuentro” nos congregará como en una profunda, extensa y anual terapia de grupo. Posiblemente sean una muestra de la fe del arriero que tan bien se nos da, pero me pregunto, si todo queda en eso, si nuestra creencia es tan superficial como una fiesta con faralaes o como una procesión rematada en peineta española. Estos ejemplos de nuestra religiosidad, son, me atrevo a vislumbrar, mal que les pese a más de un intelectual de última hora, algo más que una muestra de simple folclore andaluz.

A mi juicio, deben ser anuncio de que algo amanece en nuestras conciencias, de algo que trasciende más allá de la simple sensiblería. Nos decía hace unos días Monseñor  Amigo Vallejo que el pueblo traduce el misterio a su lenguaje: Así, el misterio es el Cristo del Perdón de la Asomada y la música la pone el pueblo sobre las tres columnas de la  fe, la  familia y la caridad.

En un  estado aconfesional, es cuando debe resurgir la religiosidad popular y la Iglesia debe ofrecer, no imponer.  Decía el Papa Benedicto que es verdad que la iglesia ha perdido mucho empuje y será conveniente que se haga pequeña, para empezar completamente de nuevo, siendo preciso que pierda muchos de sus privilegios en la sociedad y sin que pueda ya llenar muchos de los edificios, catedralicios o no, construidos en coyuntura más propicia. Pienso que eso será una buena señal porque, como comunidad pequeña, habrá de necesitar de modo mucho más acentuado la iniciativa de sus miembros particulares y seglares, como en este caso que ahora conmemoramos. 






Y, para sacarle el debido jugo a la Asomada, es preciso que hagamos un descanso en el camino junto a la Ermita y contemplemos nuestra disponibilidad…., para, de inmediato, reiniciar nuestra andadura.

Hemos de vernos como el Caminante rodeado de los cuatro elementos que conforman nuestra existencia: tierra, aire, agua y fuego: los marrones que nos ofrece el terruño pobre de nuestros montes; los grises, que se pierden en los fondos de nuestros paisajes y son símbolo de vida, de una vida que renace de continuo a los pies de nuestra ermita; el azul evocador de la espiritualidad, la sabiduría y de canto saltarín del agua cristalina que baja del Quiebrajano. O, en fin, el inolvidable naranja, de raíces árabes como las nuestras, que trasluce la calidez mediterránea de nuestras vidas. Es el marco adecuado para rememorar el Cristo del Perdón de la Asomada.

Y ha de ser el que nos señale el camino a recorrer, tierra y ambiente en que se asienta nuestra ermita, punto crucial desde el que se inicia el camino, no solo hacia Otiñar o hacia Granada o al que hemos llegado desde Jaén,  sino el verdadero camino que es el misterio de esta devoción.


El agua que nos vivifica (el espíritu del Cristo) El agua con su canción eterna que penetra en los campos y  canta rozando las choperas junto al río, en el que beben los  pajarillos y a cuya orilla se pasea la bella lagarta jaenera, verde como el musgo. Los espíritus con alas sienten que algo se estremece al paso de las aguas. Es como si encontrara sentido al manantial de las verdades y fuese capaz de entender el misterio de sus rumores. Es preciso que en estas riberas, al margen de sus caminos, comprendamos el sentido que sus aguas tienen para nosotros. Como decía el poeta:

¿Qué es el santo bautismo, 
sino Dios hecho agua 
que nos unge las frentes 
con su sangre de gracia? 







Estamos llegando al final. 

Sería el momento de caminar hasta que brille la paz, como un telón que, al bajar, borre del escenario todo atisbo de guerra y dolor, discusión y enfrentamiento, a la par que suene una leve melodía de tranquilidad y sosiego. Es el momento de levantarnos en búsqueda de nuevas actitudes, nuevas inquietudes. La vida es como estar en medio del campo, entre tus soledades, donde apenas tienes tiempo para regar lo que te rodea con el llanto, la vida son las palabras que se quiebran en la garganta seca, que se consumen.

Pero, cuando, a pesar de todo,  el desasosiego nos invade, cuando la polilla de la desesperanza parece apoderarse de nosotros y todas las razones se nos diluyen y las admoniciones nos suenan a hueco, no podemos decir nada mejor que la palabra,  aquello que se nos legó para siempre:

La Palabra –el Cristo del Perdón de la Asomada-se hizo hombre
Y habitó entre nosotros

Este debe ser nuestro sentimiento religioso, pues somos personas ligadas o religadas por naturaleza y,  todavía, hay lugar para la rebeldía. El mundo nos llama inexcusablemente y debemos responder a la llamada apremiante con nuestro esfuerzo, sabiendo que, aunque las olas de la tormenta amenacen nuestra travesía, esta llegará a buen puerto.

Crece en los hombres un agudo sentimiento de inseguridad vital y, ante ello, surge este alegato de confianza que anida en el corazón de todo hombre: hemos de poner manos al arco de la historia y tensarlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor .Importantes son los avances de la ciencia y la técnica, pero lo que nos mueve son los ideales y, sobre todo, la esperanza firme Ese credo eterno, ya que la esperanza es una virtud cristiana -fundamento y base para el obrar moral y ético- y porque nuestro pueblo tiene una religiosidad patente, mas allá de los agoreros que predicen el fin de las creencias religiosas y su sustitución por los fetiches de una cultura de pandereta Es como un preludio para órgano o la obertura de una ópera que, es cierto, deberá interpretarse adecuadamente, porque no todo está hecho, ni tan siquiera comenzado. La realidad nos mantendrá alerta en este sueño de esperanza, pero hay que poner mano a la obra. 

Ya estamos en el final de este Pregón que es, al mismo tiempo,  como un cuento y como una historia. Lo primero, porque rozo los sentimientos más profundos, tiernos y verdaderos de un pueblo que se embelesa con sus creencias; y lo segundo porque, en definitiva, ésta es la historia, la historia real y verdadera, de nuestro pueblo, de nosotros mismos, en torno a la esencia que siempre nos ha reunido, nos reúne y nos reunirá en el futuro. 

Pensándolo mejor –y pidiendo perdón a los oyentes que hayan sido tan benévolos de llegar a este punto- creo que pudieran servir para iniciar una reflexión necesaria: Escuchar lo que nos rodea para saber llegar a la realidad, sin perjuicio de tener capacidad de soñar para, finalmente, saber compartir los dones que hemos recibido y, sobre todos, los  de sabiduría,  fortaleza y piedad que da el ser de estos pagos, donde el cristiano lo es sencillamente: a secas, simplemente como el sarmiento unido a la vid.
Quizá fuese una invitación atrayente.
NOTA FINAL.- Como corresponde, incluyo este trabajo en la sección "Mis Histórico", ya que no tiene relación con las restante secciónes, pero siempre es bueno dejar constancia de aquello en que uno ha puesto su esfuerzo y su interés.
El Pregón lo he pronunciado el sábado, día veinte de junio, en la Parroquia de Santa Cristina, que comprende lo que en Jaén se conoce como Puente de la Sierra, una zona residencial a unos seis kilométros de la capital.
De todas formas, he de indicar que el nombre de nuestro pueblo fue mencionado en varias ocasiones en el acto solemne de la presentación que del Pregón y del pregonero hizo mi entrañable amiga, Cristina Nestares, con quien me une un gran afecto desde que nos conocimos cuando yo desempeñaba el cargo de Oficial Mayor del Ayuntamiento de Jaén y ella era Teniente de Alcalde, perteneciente al grupo PP. Ella que conoce esta página web, se refirió en varias ocasiones a su contenido por lo que Gaucín fue puesto de relieve como una de mis pasiones. Lo que no puede ser mas verdad.
Por lo demás, haré constar que el acto resultó muy solemne, creo que el Pregón fue ajustado y recibí varios obsequios de la Cofradía y Pilar un hermoso ramos de flores. Todo es de agradecer en esta vida.