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Escrito por Salvador   
Miércoles, 15 de Octubre de 2014 17:51



Este año -que ojalá termine sin alas de buitre leonado-
ha sido un año perdido en el templo de las urgencias.
Y encontrado, a duras penas, sobre lágrimas escondidas.


Por eso, abriría una lata de sardinillas en aceite de oliva
para lubricar los doce meses que el mar trajera
y degustarlos despaciosamente en sus encantos.


Me gustaría saber que es eso del tiempo perdido
y recobrarlo al instante con una copa de alegría,
burbujeante sobre las insignificancias de la vida.


Cómo me reiría de mi mismo… y de todos vosotros,
mientras mis agonías disiparían los gusanillos de los deseos
que no ven más allá de los tres palmos de narices.


Sólo me queda ser sincero conmigo mismo
sin engañarme con fáciles excusas ni fiebres sobrevenidas
que destemplan las mentiras de mi corazón desarbolado.


Aunque sea preciso cantar un canto diferente y violento
que salga de lo más recóndito y verdadero, tan desgarrado
que me destroce, sin remedio,  el velo de la tranquilidad


Me temo que todo llegará, aunque no estoy seguro 
cuándo me abortará el corazón ni cómo será la espada
que lo atraviese a lo largo y profundo de su seno solitario.


Pero, oigo un susurro como de gacela en mis horizontes,
que almagra lo más silencioso de mis adentros. Y despierta
mis deseos. Y los tensa vigilantes, en allegro sostenido.