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La nueva izquierda PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Domingo, 20 de Septiembre de 2015 22:45



Éste –el de la política- es un mundo que se mueve a impulsos emocionales. Las emociones son las respuestas a ciertos estímulos que perciben las personas y que alteran su atención. Se traducen en sentimientos que liberan adrenalinas que, aparte de verbalizarse, fijan nuestra posición con respecto al entorno, nos impulsan hacia ciertas ideas, acciones o personas o nos alejan de otras.


Ha bastado que un desconocido –más de treinta años en la arena política inglesa y no ha sido ni simple subsecretario- haya sido elegido líder del Partido Laborista, para que se desencadene un terremoto de escala 8,4. Vamos, como si estuviésemos en el Chile de las tierras de fuego y lava. Este ignoto señor, se llama Jeremy Corbyin y, dicho en honor de la verdad, hasta ahora no tenía noticias de su existencia –supongo que ustedes tampoco- ni, por supuesto, de sus dotes taumatúrgicas. Pero, a lo que se ve, no hay nada como recoger los ecos de la indignación ciudadana, enarbolar una honestidad –todavía no contrastada- y presentar como prioritaria la lucha contra la austeridad. Si añadimos anuncios de reforma fiscal, miel sobre hojuelas.


El tal Corbyn ha anunciado que a la gente –a la ciudadanía- no le gusta la manera de trabajar del Parlamento ni la conducta de los parlamentarios y se ha armado lo que el dicho popular entiende por la de Dios es Cristo. Un gran escándalo, donde todos los participantes gritan y ninguno se entiende, como en las controversias y enfrentamiento del concilio de Nicea.  La verdad es que, aparte de estas palabras, el personal se emociona con detalles  que dan cierto morbo al personaje: saber que el nuevo mesías es ateo y republicano, desaira a la Reina Isabel y, por si faltara algo, es contrario a las guerras emprendidas por su país y no canta el himno nacional en la catedral de San Pablo. En suma: una huída del centro político, al estilo inglés, sin estridencias ni graserías, con solemne displicencia. Toda una estrella, que ahora resulta mediática, por más señas.


A mí, el tema me resulta atractivo. Sobre todo, al contemplar como los partidos políticos españoles que pretenden enarbolar la bandera de la izquierda se pelean por parecerse a este nuevo líder laboristas. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias  polemizan para mantenerse como referentes frente al PP. Sánchez se ofrece como líder del espectro progresista. Mientras, Iglesias dice que el triunfo del inglés es como si fuera suyo (ya se apuntó el de Tsipras en enero pasado), se reivindica como paladín de la izquierda –incluso devorándose a IU- y tacha a los socialistas españoles de haber huido hacia un espacio social liberal -a la manera del amigo de Aznar en la guerra de Irak, Tony Blair, ahora duramente derrotado-, incluso de estar tan desfigurados que no pueden distinguirse de la derecha tradicional. También es curiosa la similitud de  las diatribas de Cameron contra Corbyn (“amenaza nuestra seguridad nacional”) y las de Rajoy contra Sánchez e Iglesias (de radicales, para arriba).


Y pienso, para mí, si no estará todo el misterio de la cuestión en la sordera de los políticos al uso ante las exigencias de los ciudadanos. Desde esta perspectiva, quizá se pueda entender la aparición de la nueva izquierda (Tispras, Iglesias, Corbyn) que aglutinan a los desencantados. Se anatema a la juventud de la que se dice que es apolítica, cuando lo que está es defraudada por las medidas de austeridad y la desvergüenza de la clase política tradicional que acalla el rigor de los problemas.


Sencillamente, los dos más acuciantes,  el paro y la corrupción,  siguen a la cabeza de nuestras preocupaciones. Ni la derecha tradicional ni el último socialismo han sabido llegar a la raíz, ni parecen tener mucho interés en su resolución.  Lo que ha primado ha sido el intentar nuevos crecimientos –que la OCDE acaba de revisar a la baja-  a costa de nuevos ajustes y mirar  para otro lado en el tema de la corrupción, amén del “y tu más”. No sabemos lo que cumplirá de sus promesas la nueva izquierda, pero la música de fondo –buscar nuevas formas de hacer política- suena bien. Posiblemente, lo que se pretenda es conseguir nuevos yacimientos de votos para poder acariciar el poder, pero, la verdad es que el personal ha sido sacudido en sus emociones. Por primera vez, Corbyn presenta una alternativa real a la austeridad, a las políticas neoliberales, en un discurso que los jóvenes ingleses nunca habían escuchado. Incluso, sobre la cuestión exterior, se ha puesto de relieve que “una parte de la izquierda se ha sentido desencantada con el proyecto europeo tras la crisis griega y, después, la de los refugiados. Si Corbyn, convertido en un icono de la izquierda, defiende abiertamente la permanencia y consigue movilizar a ese electorado, se apuntará una importante victoria”.


Veremos, por otro lado,  lo que han deparado la elecciones griegas, donde –después de los vaivenes de Typras- el factor emocional tambien entra en el juego, al haberse perdido en parte la confianza y el cambio real parece más utópico. Es posible que venzan los nuevos conservadores, incluso que  Syriza se adapte a una política acomodaticia, izquierdista en lo social y moderada en lo económico. También nos esperan en España las elecciones catalanas donde, en la próxima semana tendremos un escenario, previo a las generales, en el que podría aclararse quién es quién en la izquierda política.


En todo caso, para bien o para mal –o cómo un simple chasco- la nueva izquierda europea, en estos momentos, está llamando a la puerta.