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Vámonos de Feria PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Lunes, 19 de Octubre de 2015 11:01


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Aunque no hay cuerpo que lo aguante -y, menos, el mío- hemos pasado más de las horas deseables de fiestas y jolgorios con motivo de la Feria de San Lucas. Pero, en Jaén somos así: no nos cansamos de folgar, en la acepción más aséptica y festiva de estar ociosos, divertirse o entretenerse con gusto y alegría. Nos importa poco que fuese el Condestable Miguel Lucas de Iranzo el que implantara esta tradición popular o que en el siglo XIX se acordarse celebrar en el mes de octubre, como una invitación a que las lluvias derramen su riqueza sobre los campos e inquieten a nuestros feriantes. Lo que ha primado siempre –hoy, con más o menos euros en la alforja-  es salir de la rutina, buscar un escape -aún pasajero-, hablar, bailar, beber, comer, sacar los pies del plato… En una palabra: desmadrarse.


Y esto, amigos lectores, es lo que –más allá del cordial entorno de nuestra Feria de San Lucas-  me parece  que está pasando. Lo que contemplamos a diario es el desmadre, a todos los niveles. Y no sé si es para reírse o para llorar, viendo este pimpampum de feria barata, en el que la única tarea que parece importar es la de derribar a pelotazos a todo el que se pone por delante, mejor si el muñeco es amigo.


Dejando a un lado la tormenta en las filas socialistas con motivo de los extraños fichajes para la lista madrileña -sofocada a última hora-,  no me digan que no es para  morirse de risa lo que ha sucedido esta semana en la caseta ferial del partido en el Gobierno. Al tiempo que Juan Vicente Herrera y sus mineros se sienten abandonados en su territorio castellano-leonés, la frágil Quiroga arroja la toalla al creerse desautorizada en su intento –en un País Vasco sin terrorismo- de aunar voluntades a través de una comisión de libertad y convivencia, por encima de las firmes divisiones de rigor. En línea paralela, la marquesa de Casa Fuerte, Cayetana Álvarez de Toledo –una especie de delfín descafeinado-, da un inesperado portazo, con poca elegancia según el portavoz Hernando, para comunicar a Rajoy –en el más puro estilo aznariano- que no irá en las listas del PP con él como candidato. A la par que Montoro –un ministro de derechas raro, según propia confesión- se descuelga con una entrevista incendiaria  en la que despotrica contra Aznar, Rato y Margallo (éste, últimamente, de los nervios y beligerante) y sentencia: 'Hay compañeros míos que se avergüenzan de ser del PP'. No sé lo que ustedes pensarán, pero me temo que este contexto no es el más propicio para concurrir a unas elecciones, a dos meses vista. “¡Valiente tropa!”, habrá farfullado el inmutable jefe del cotarro.


En este carrusel, dan vueltas y vueltas –a punto de marearnos- otros múltiples caballitos que resoplan enseñándonos sus grandes dientes, mientras se ríen de nosotros. Me da grima, pero he de volver al ministro de Hacienda, que nos ofrece su quinto presupuesto (algo inédito en los anales de nuestra democracia) con el vaticinio de que será enmendado de inmediato, mientras la UE sospecha del interés electoral de la cabriola. No se aburran: ahí tenemos el primer vídeo de campaña -presentado en el mismísimo Congreso de los Diputados, con cañeo de cerveza incluido- en la que se compara a España con un enfermo crítico que se recupera con las políticas austeras del doctor Rajoy, que felizmente consigue salvarla. Por favor, tampoco está permitido reírse.


No todo son risas. Para nuestra desventura, hay mucho mangante suelto por las calles del ferial, que sorprenden a los confiados visitantes. No sé si serán simples sablistas -aunque lo parecen-  sujetos tan singulares como, por ejemplo, los directivos de las empresas automovilistas tramposas, protegidas por los Gobiernos de turno que temen sus huidas. O los intocables directores bancarios que, parece ser, hacían enjuagues  con el tal Rato y a los que nadie llama ni tan siquiera a declarar por si tienen algo que decir en este pequeño asunto. En este espectáculo tragicómico, me pregunto, con todo el respeto a los derechos sindicales, cómo son posibles las agresiones a los directivos de la aerolínea Air France, trepando en su huída por las vallas con las camisas desgarradas.


No les canso más, sólo les ofrezco el trueno final de la pirotecnia ferial: el show del honorable Más, ya orlado de mártir. Un espectáculo digno de mejor causa, que no es otra que la convivencia democrática. Lo lastimoso es que la exhibición, a pesar del ropaje y la verborrea que la rodea,  se monta, precisamente, teniendo por frontispicio la falta de respeto a la legalidad vigente, usando de los poderes parlamentario y ejecutivo para enfrentarlos al judicial. Esto puede que encante a una parte de la ciudadanía catalana. Su puesta en escena por Mas –con actor principal, con  Cataluña como coto personal- en un gran gesto de enfrentamiento y desobediencia, que quizá contente a los anti de la CUP, pero creo que, fundamentalmente, es el último video electoral, en los escenarios más sensibles: jardín del Castillo de Montjuïc donde fusilaron a Lluís Companys, el Palau de la Generalitat y, como telón de fondo, el poder judicial puesto en entredicho y presionado por todos los secundarios de la compañía teatral. Entre bambalinas, quedan, si acaso, la corrupción y los pobres resultados electorales de esa propia clase política, que se evita salgan a escena. En el foso del escenario, la judicialización de la política torpemente atizada por los que no quieren ver el aspecto político de la cuestión.


Incluso, pienso que estamos visionando la célebre película “Danzad, danzad malditos…”, el alucinante celuloide de Sydney Pollack, en el que unos concursantes sin recursos,  bailarines sin fin, reciben comida sin dejar de bailar y caen en el desequilibrio, forzando los límites de su propia resistencia física y psíquica. Mientras una multitud, morbosa y masoquista, se divierte contemplando su propio sufrimiento.


¡Ea, vámonos de Feria!