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El teatrillo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Domingo, 03 de Abril de 2016 23:12

 

A la Cenicienta –por un casual: la ciudadanía- se le cayó el zapato en las escaleras del palacio –el 20D-  y la casa real anda de cabeza buscando a quien le encajaría para casarla con el Principito –casualmente: un Gobierno no en funciones, vamos: que funcione, mal o bien-. En el interregno llevamos 106 días de búsqueda infructuosa. Y, la verdad, es que no sé si esto es lo que procede (marear la perdiz, que al final del cuento se comerán los novios y vivirán tan felices durante los cuatro próximo años) o es que se están riendo de nosotros a mandíbula batiente.


Y es que muchas veces pienso que a los españolitos de a pie nos toman por tontos de capirote. Nos envuelven en un ambiente asfixiante, nos mueven a su antojo, nos dan la carnaza que les viene en gana y… a otra cosa mariposa. No, no me achaquen que sólo digo frases hechas. Es la pura realidad. No sé ustedes, pero yo sólo oigo, veo o leo lo que a los políticos al uso les interesa que sepamos –siempre repitiendo la misma retahíla de sandeces y medio verdades, con alguna que otra mentira podrida-,  lo que de inmediato nos trasladan los medios de comunicación –por supuesto, todos de una independencia y objetividad acreditadas- en radios, televisiones o periódicos afines. ¿Hay, por ventura, algo más que comentarios malévolos, sesgados, tendenciosos, partidistas…?


No hay más que ver las tertulias de nuestras mañanas, tardes o noches, hechas a medida, ya se trate de una cadena controlada por el magnate español o  italiano de turno o sean televisiones o radios oficiales. Todos con la misma estructura: un presentador de izquierdas o de derechas, cuatro o cinco tertulianos de la cuerda y un quinto o sexto –más bien tontito- de la contraria para dar una pátina de neutralidad. Por lo que se refiere al contendido no difieren mucho unas de otras: series de temas repetitivos dirigidos a alabar al patrocinador (en el caso de las oficiales, el gobierno de turno) y a ridiculizar al o a los contrarios y todo ello tratado con la más exquisita ausencia de razonamientos, sustituidos por el vocerío mas ensordecedor, adobado  con sutiles ironías, auto alabanzas, denostadoras expresiones, argumentos  ad hominem, rostros descompuestos y coléricos… Y, para más inri y en resumen, presumiendo que han convencido al personal.


Así, esta semana no han faltado recapitulaciones sobre la actualidad. Desde la mofa de Ana Rosa al “paseíllo” de Sánchez e Iglesias junto al Congreso ("ha llegado la moda primavera-verano”), hasta de irónica crítica de nuestra presidenta a la "capacidad interpretativa, dramática y artística" de Pablo tras su 'renuncia' a ser vicepresidente. Pasando por la aguda percepción del portavoz por antonomasia, que ha exigido este jueves a Pedro que "se deje de teatrillos malos" y abandone la "frivolidad absurda cuando no temeraria" con la que, a su juicio, ha enfrentado la composición de un gobierno mediante "pactos que no conducen a ninguna parte". Es más: le resulta "patético y ridículo" el regalo del libro sobre  baloncesto, lo que es una "tomadura de pelo" a los ciudadanos puesto que –es evidente, para él- no se "respetan" los resultados de las elecciones.


Lo verdaderamente irónico es que esos teatrillos son los únicos intentos que se han dado en busca del zapato de la Cenicienta. No serán aquel “Gran teatro del mundo”  que equiparara Calderón de la Barca a la vida humana, ni tan siquiera en ellos se representará el tema central de la libertad del ser humano para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino, como glosara en “La vida es sueño”. Pero, en todo caso, Segismundo –un suponer: el sufrido electorado- permanece en su caverna, en la más completa oscuridad por el desconocimiento de sí mismo y de las intenciones de sus carceleros.


Es por ello necesario confiar en los actores: Sánchez y Rivera con el guión aprendido  e Iglesias intentando no hacer mutis por el foro. Hará falta que el tramoyista no obstaculice la escena, ni se limite a esperar al cadáver de sus enemigos. De diferidos, de listos y de gente con la sonrisa en la boca y veneno en la lengua está el mundo lleno.


Lo que está sucediendo al margen de esta representación  más que centenaria, no sé si será teatrillo, teatro, sainete, vodevil o vaya usted a saber. Pero lo que me atrevo a señalar es que es dramático, sino fuese una pura farsa. Éramos pocos y parió la abuela: nos nació esta vez un nuevo niño de Rajoy: la desviación del déficit que exigirá nuevos reajustes. Por lo que se ve,  el plantel de reformas –en especial la laboral, con sus nuevos empleos en precario y a bajo coste-  nos ha conducido a este desastre. Nos han mentido y han mentido a la CE, incluso intentando desacreditar por ser socialista al comisario económico, Moscovici, y ahora parece que la culpa es de las Comunidades Autónomas.


Ítem más: El tontarrón de ZP fue tan estúpido que guardó setenta mil millones para garantizar las pensiones. Y los listillos del trío económico en funciones nos dejan un agujero de 15 mil millones, en el más sofisticado asalto a la caja de la SS que vieron los tiempos, algo que –parafraseando a Mateo 12:32- “no podrá ser perdonado ni en este siglo ni el por venir”. Es la buena herencia que el paladín arrogante de la ortodoxia liberal capitalista deja al gobierno del cambio que –si es que lo hay- no tendrá ni para atarse los zapatos.


En todo caso, pienso que puede ser verdad lo del postureo que se traen los del teatrillo –y los que están entre bambalinas-. Pero, buscar soluciones –sin gritos ni gestos efectistas- ya es otra cosa: exige más que improperios y descalificaciones. Quizá formular propuestas razonadas, sin roturas ni maximalismos, moverse en busca del consenso, no dejar pasar las oportunidades, envueltos en miedos y soberbias.

Pues, eso: manos a la obra. Teatral o constructiva. ¡Pero, ya!