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De la ocupación francesa de Gaucín.- V PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Martes, 30 de Diciembre de 2008 19:14

 


V.- PREPARATIVOS PARA LA OCUPACION DE RONDA.-

 


Después de estas primeras medidas defensivas, que parece ser fueron tomadas por Serrano, cuando nos consta que Jácome tenía encomendado el mando a González Peinado, los esfuerzos se dirigieron a reorganizarse y contraatacar para distraer al enemigo de su ofensiva hacia Cádiz.

 

Sabemos que Serrano, desplazado desde Gaucín –donde los franceses arrasaron por primera vez, en represalia a los sucesos de Genalguacil- hasta la venta de la Carraca (que hoy conocemos como de la Carrasca, en total abandono, a las orillas del Genal, en su revuelta de la Vega Grande de los Calvente), dio las primeras instrucciones para intentar atajar la avalancha francesa. Pero que, a la vista de la imposibilidad de ello, debido especialmente a la falta de municiones, entendió más prudente trasladarse a Casares, donde, si bien es cierto que conferenció sobre las medidas a adoptar con González Peinado (como recoge el Manifiestote Casares), optó por quedar a la expectativa, no sólo por no contar con la orden expresa de la Regencia, sino por el hecho notorio de que González, junto al también Brigadier Valdivia, estaba comisionado por el General del Campo de Gibraltar para la insurrección de la Sierra, como nos aclara el propio Manifiesto.

Así, pues, hemos de seguir el relato de los hechos que nos hace González Peinado en su Manifiesto, claro es que de forma sucinta y en lo que atañe a Gaucín y su comarca, no sin resaltar que durante estos días de preparativos para la ocupación de Ronda –hecho el mas significativo por aquellas fechas y que es punto de inflexión para el mando en la Serranía como veremos- es significativo el silencio que mantienen el resto de las fuentes (vagas alusiones en Serrano, Cortes y Casares) y cómo el Pastor sólo interviene para aclararnos lo que para él son inventivas de González en punto concretos, a mi juicio sin relevancia bélica.

Fray Sebastián de Ubrique, en un resumen sucinto, sólo nos indica que “No bien se alejó el rey José, y sacaron los franceses tropas de Ronda, las bandas de serranos, capitaneadas por Valdivia, Ortiz de Zárate (el Pastor) por Valdenebro y por el Brigadier D. Francisco González, al que, como de más graduación, se le concedió el mando superior, atacaron y tomaron Ronda, teniéndose que retirar los franceses a Campillos. Volvieron los franceses con grandes fuerzas sobre Ronda y la recobraron el 21 de marzo. Ante el fracaso del brigadier D. Francisco González Peinado, la Junta Suprema nombró comandante de la Sierra a Valdenebro

Por Serrano, en lo que se refiere a estos días,  sólo sabemos que los franceses –posiblemente por sus disposiciones en el Tejar y en el Hacho- se vieron obligados “á abandonar el pueblo, dexando en él quatro casas asoladas, saliendo para Ronda á las dos de la tarde”, donde se toparon con la partida de Cortes en las cercanías de Atajate, sufriendo la muerte de su “gefe principal, sin haber habido de nuestra parte desgracia alguna. Me aseguraron que al pasar los franceses, por aquel terrible desfiladero ivan sobre los caballos con los brazos cruzados, como esperando la muerte en un estado indefenso. Fue su fortuna no tener cartuchos nuestra gente. Demasiado se hizo en veinte y quatro horas de revolución. Me reuní en Casares con mi familia. Encontré á mi esposa penetrada de dolor, no por su infortunio, sino por considerarme sin fuerza ni autoridad para vindicar el estrago.”

Hace, asimismo, una breve alusión a su intervención en la toma de Ronda, no exenta de reproche: “los franceses con la retirada de su Rey desaparecieron, dexando en Ronda una corta guarnición. Era pueblo abierto, y aprovechando la fermentación de la sierra, determinó González apoderarse de él. Me invitó con las atenciones más expresivas y respetuosas á que concurriese y entendiese en todas las deliberaciones de la guerra. En efecto me hallé en la entrada de Ronda, que abandonó el enemigo la noche anterior al requerirle. La atroz conducta del painsanage entregado a la desolación mas criminal, me arrancó lágrimas, y penetrado de la dificultad de hacer rostro con gente tan desordenada, me despedí, restituyéndome á mi familia á aguardar la suerte.” (Sobre este tema de la crueldad desplegada, a veces, por las partidas, volveremos más adelante, al narrar el ataque a Ronda, los dias 12 y siguientes de marzo)

El Manifiesto de  Cortes, dentro de su ampulosidad narrativa, se limita a decirnos: “
Notoria y demasiado ruidosa era ya la insurrección de la Sierra para que no despertara la atención del Comandante del Campo de Gibraltar a quien peculiarmente pertenecía su defensa; ni aun este esencial añojo tuvo tan heroico rompimiento, ¿creeriase que la Sierra no tendría valor para arrostrar el torrente que inundaba a la Provincia? Con todo, interesaban sobremanera sus primeros felices sucesos que no podían mirarse con indolencia; excedían a todo encarecimiento; y muchos se prestan propicios a ser gefes de tan valerosos pueblos: con preferencia a los Valdivias y Pastores disfrazados, fue comisionado el Brigadier Don Francisco González Peinado, ya por sus anteriores conocimientos del país, y ya por haber coayuvado a plantificar el germen del rompimiento: Ronda, pueblo abierto, y sin defensa, debilitó en estos días su guarnición con la salida del Rey y González quiso aprovechar esta ocasión para apoderarse de ella: el 23 de marzo (debe referirse al 12) se verificó esta operación de la entrada en aquella Ciudad, en la que la partida de Cortes tuvo la satisfacción de ser la primera que pisara sus calles: nada se mezcló en los desórdenes que una sabia previsión hubiera evitado aquel día; impidieron atropellamientos, e insultos, y se hicieron respetar sus individuos, fueron solicitados, y destinados a la custodia de las casas de administración, y de personas pudientes y acaudaladas: solo el mal entendido amor a su pueblo pudo arrastrar a alguno otro individuo a un desatinado proyecto."


Por su parte, el Manifiestote Casares, es un poco más explicito, y nos indica:

“El dia 11de marzo, llego la orden del General González de que los patriotas de esta villa se reunieran  a los campamentos de Encinaborracha, para el ataque de Ronda... la obediencia nos obligaba a ocurrir a Ronda, y la necesidad de nuestra propia conservación, y la prevención que nos habían hecho los generales Serrano y González, el dia quatro, de que no dexaxemos este punto sin patriotas, y que la primera y principal atención de Casares, devia ser conservar la costa… y la poderosa obligación de que si no se desalojasen los enemigos de Marbella, flanquearían por la derecha al general González, distrayéndolo de la toma de Ronda… lo que nos obligo a dividir los patriotas, para Ronda y Marbella…

El dia 12 de marzo, entraron en Ronda con los serranos, en virtud de la arrogante intimación que les hizo el general González… por el frente de  Estepona, Manilva y Marbella… todas las autoridades estaban puestas por los franceses….En estas circunstancias ningún pueblo era superior a otro; no había ningún gefe ni comandante de todos, y sin una cabeza se malograba todo, porque sin orden ni obediencia, en tal apuro nada se adelanta. Se hacia necesario formar una junta de todos los pueblos… para dar a entender a los enemigos que era una división formal, no un puñado de paisanos con garrotes, distraerlo del movimiento sobre el general González, y comprometer a los pueblos a la obediencia y sumisión… Por ello hicieron la ofensiva en la costa y el resultado fue la huida del enemigo, libertando al general González que le distrajeran de su flanco derecho… “

Casares no retoma el relato de los hechos hasta el dia 22 de marzo, sobre lo que volveremos en otro capítulo.

 

Manifiesto de González Peinado (BNE)

 

Por su parte, González Peinado nos relata de forma prolija sus trabajos durante la semana del  6 al 11 de marzo, con ayuda de Antonio Valdivieso y Manuel Torres Valdivia, tanto en Ximena y Tarifa, como en Algeciras, S. Roque, los Barrios, Alcalá y Medina-sidonia,  a fin de que “pudiesen organizarse fuertes partidas que escarmentasen á los enemigos en el caso de que volviesen á internarse en la Sierra, en virtud de lo qual baxó á aquellos puntos del citado brigadier Valdivia”.

Al respecto, pone de relieve: “No debo dexar de hacer en este lugar la honorífica mención que es debida á la nación británica; los generosos y oportunos auxilios y socorros que le merecieron aquellos pueblos, en los dias y casos de mayor apuro, y de los singulares servicios con que á todo concurrió el caballero Gauley, capitán y secretario militar del gobernador de la plaza de Gibraltar; así como de la buena armonía que siempre guardó conmigo, y de la inteligencia, valor y eficacia con que se conduxo en todas las combinaciones de nuestras operaciones militares…”

Gonzales acompaña a su Manifiesto dos oficios del propio Cauley: uno dice

“…mi dirección con un grande golpe de gente es hacia Ubrique con las intenciones de alarmar aquel pueblo que parece está tímido por el gobierno y al mismo tiempo batir á los enemigos si fuera posible que ellos estuviesen en sus inmediaciones… Ximena y marzo 8 de 1810=El Cauley Capitán y secretario militar del Gobernador de Gibraltar”.

Y otro:

“Con esta fecha salgo de Brosque para Grazalema después de haber batido ayer á los franceses, ha haberlos auyentado de estos infelices pueblos. Soy, para que V.S. me conozca, el edecán del general de la plaza, mi apellido Cauley, y mi graduación es capitán; tengo la relacion y facultades de mi general para quanto V.S. necesite… Dios guarde á V.S. muchos años. Brosque y marzo de 1810. El Cauley Comandante inglés=Señor D. Francisco González”

Nos detalla, a continuación, los esfuerzos que prodigó, dirigiéndose (“despaché expreso”) al Comandante general del campo, pidiéndole, “no difiriese un momento el despachar á Gauzin, á marchas dobles, la compañía de escopeteros de Getares bien municionada… como á D. Juan Becerra, comandante de la de Estepona, dándole ordenes para que se concertara…“ con los guerrilleros y gentes de Jubrique Alpandeire, Igualeja Benarrabá, Algatocin, Benalauria, Benadalid, Atajate, Ximena y Córtes, “encargándoles que luego que supiesen el movimiento de la tropa de Getares; pasaran á situarse inmediatamente en Gauzin, donde debía quedar también aquella”.

Nos relata asimismo la idea de que “el comandante de urbanos de Benarrabá D. Silvestre Calvente del Río parecía á propósito para que se le confiase el encargo de buscar un espía sagaz, que introduciéndose en Ronda averiguase el numero y clase de tropa que la guarnecía; si estaba acuartelada ó alojada; qual era la casa que habitaba su gefe; qué guardias interiores y exteriores había; si cerraban de noche las puertas de comunicación al barrio de San Francisco; y por qué caminos habían venido á Ronda las tropas que allí se hallaban; y en caso de no ser Calvente á propósito para este encargo, lo hiciese por sí el mismo Becerra”.

También resalta que “al mismo tiempo me escribía Valdenebro ofreciéndose, como buen patriota, á quanto pudiera hacer, y prometiendo que en el momento en que pudiera vadearse el río se trasladaría á Gauzin ó Benarrabá para tratar conmigo quanto se debería hacer en este caso” Asi como de varios avisos que le dio sobre la situación en Casares y Gibraltar, “con otras reflexiones militares dignas de los vastos conocimientos y acreditados deseos de tan benemérito patriota…”

“En 9 de Marzo el Alcalde de Parauta Juan García me avisaba que se hallaba aquel Pueblo reunido con lo demás de la Serranía, resuelto á la defensa de su libertad, la de la Patria y de la Religión, en virtud de la orden que yo le había comunicado; solo le faltaban armas y municiones, extendí mis miras á mayor distancia y circulé una proclama á varios pueblos de la Andalucía convidándolos á la insurrección; y gracias á ésta medida, pues no solo los de la Serranía se mantuvieron constantes en sus buenos sentimientos, á pesar de las sugestiones de los malévolos, sino que traxeron á su ejemplo á muchos otros”.
 
“El 10 del propio marzo, hallándose en el punto de los Empedrados, junto á Igualeja, el comandante de las avanzadas D. Francisco Ruiz, se dexó ver á las dos de la tarde una fuerte partida enemiga que escoltaba 17 caxones de cartuchos con dirección á la ciudad de Ronda”. Da cuenta del ataque a los franceses, “haciendo prisioneros al comandante y á un soldado de la partida, quedando muertos los demás, excepto tres que escaparon heridos, según se evidenció por los rastros de sangre, y se confirmó por noticias posteriores de la misma ciudad de Ronda. Se repartieron dichas municiones en los pueblos, con la mayor oportunidad y arreglo, sirviendo mucho este socorro para nuestras siguientes operaciones que estaban paralizadas por su falta”.

Con ser interesantes las noticias que han quedado expuestas, no lo es menos constatar que Ortiz de Zarate, El Pastor, las pone en evidencia y en su Manifiesto se extiende en los que él denomina cinco “suposiciones falsas”, dos de las cuales paso a reseñar a continuación.

El Pastor, no sólo intenta desprestigiar al tal Antonio Valdivieso del que dice “aunque guarda del tabaco, es conocido por su mala conducta; posee en dicha villa algunos bienes mal adquiridos, jamás se señaló contra los franceses en nada, no tomó armas contra ellos”, sino que –contradictoriamente- afirma de él: “y aun puedo asegurar, que jamás conocí tal hombre; esto siendo Ximena el pueblo donde mas permanecí, y hasta después que me informé de todo el pueblo, no tuve noticia de semejante hombre”.

A continuación pretende quitar importancia al mando de González y sus auxiliares y nos dice que él, Ortiz de Zarate, era el verdaderos Jefe de toda la zona: “yo como gefe tuve que darle una órden para que no le embargasen los caballos los serranos?: con cinco dias de anticipación, y aun estando el Sr. Peynado en la plaza de Gibraltar, fui el elegido gefe de aquellas gentes, y vocal de la junta que allí se estableció...que desobedecieron la órden de la Regencia, menospreciando su distintivo y haciéndola entender que allí nadie mas que yo mandaba…” y cómo a su indicación Jácome “nombró por gefes de aquella parte de la serranía á los capitanes ingleses Carley y Michell, cuyo nombramiento se hizo indispensable mediante el clamor general de aquellas gentes, en razón de que de manera alguna querían someterse, ni prestar obediencia á los oficiales españoles por el abandono que en ellos se notaba: con esto no solo acreditaré que fui el gefe elegido, mas también mi desinterés en no quererme valer de aquel trastorno para haberme puesto en mis brazos uno, dos, ó mas bordados, y haberme hecho proclamar generalísimo, así como lo han executado otros: por último, cinco dias tuve el honor de ser gefe de aquellas gentes, pues al sexto se incorporaron los oficiales Ingleses, y yo con el mayor gusto les cedí mi mando, pues claramente veía la utilidad que resultaba á mi patria, y entonces me hicieron su secretario…Me parece queda plenamente justificada la ninguna verdad que dice el Sr. Peynado en su escrito …”

Y continúa con nuevas descalificaciones sobre lo sucedido el dia 11, a que más tarde me referiré. Pero, por ahora, interesa poner de relieve el enfrentamiento enconado entre ambos Jefes (González Peinado y El Pastor), que ya hemos visto en las desautorizaciones directas de éste último y que el primero nos relata de la siguiente forma:

“Al paso que en lo general se admiraban tantas pruebas de lealtad y de valor, no faltaban otros hijos desnaturalizados de la patria, miembros corrompidos de la sociedad, que abusando del concepto é influxo que su carácter y misión les daba sobre los pueblos, lo empleaban solo en seducirlos, predicándoles la quietud y la ciega sumisión al gobierno intruso, tratando de desviarlos, por este modo, del recto camino y marcha firme que habían emprendido. De estos era uno D. Antonio Valcarcel cura de la puebla de Algamitas, … A pesar de todos los obstáculos y de la fuerza de inercia que reinaba en las autoridades superiores, los pueblos de la Serranía obraban por su propio entusiasmo, conformes con mis disposiciones, haciendo prodigios de valor… Entre tan buenas operaciones y felices resultados, es cosa muy dolorosa ver la contraposición de la conducta de algunos sujetos, tan opuesta á los progresos de la buena causa con las bizarras y valientes acciones en los pueblos, y de muchos de sus heroicos vecinos.  Ya he apuntado la del corregidor de Ronda, y la del cura de Algamitas, la qual llenará de justo oprobio á toda su posteridad…”

 

 

Al respecto, ya sabemos que el historiador ingles Esdaile, nos pone de relieve cómo, en medio de los pueblos llenos de dispersos y fugitivos, pululaban personajes locales desafectos, junto a desertores y varaderos bandidos, muchos de ellos escapados de las cárceles en medio de la confusión reinante, que se unían a las guerrillas para cometer todos los robos imaginables sin que nadie se librase de su pillaje. Ya hemos visto cómo Valdenebro se lamentaba de los horrores cometidos en la ocupación de Ronda y a los que volveré en su momento.

Si a ello sumamos el desaliento de las autoridades locales que veían en peligro inminente la conservación de sus privilegios feudales y eclesiásticos (el 18 de agosto de 1809 todas las ordenes religiosas fueron disueltas) y, al mismo tiempo -como consecuencia de la disolución de todos los Ayuntamientos en 4 de septiembre del mismo año- la aparición de nuevas corporaciones elegidas por el voto de los terratenientes, notoriamente entusiastas de la causa francesa, no es de extrañar el desconcierto que hacía que la confusión y el recelo entre las gentes fuese incrementándose.

No olvidemos lo ya relatado en cuanto al fervor y alegría con  que cogieron al nuevo Rey las  ciudades más importantes, entre ellas, Ronda; ya puse de relieve en mi citado libro lo que decía el Manifiesto de la Real Maestranza de Ronda cuando José Napoleón  se dejó ver por ella, rodeado de Ministros Españoles, que no hicieron otra cosa que intentar seducir y lisonjear; aunque estos raptos de entusiasmo, especialmente entre las clases bajas, mostraron ser muy efímeros. Si a ello sumamos el hecho de que la oligarquía local se encontraba con que los franceses dominaban la vida social y, por el contrario, la avidez de la sociedad española de parangonarse con el estatus francés (de ahí la popularidad de los diversos cuerpos de Voluntarios Distinguidos y semejantes aparecidos desde 1808) era cada vez mayor, no es de extrañar que, junto a los actos de violencia, se fuera aceptando la presencia de las fuerzas de ocupación e incluso en ocasiones el trabar amistad con ellas. Y todo ello, soterrado con el temor al desorden, que hacía evidente el deseo de asegurarse la supervivencia de los privilegios propios y del estatus social y la creencia de que la resistencia era inútil.

De ahí, la importancia que nuestros jefes, por ejemplo González Peinado, daban al asunto de la fidelidad a la causa. Por ello, no se olvida de resaltar las honras debidas a la mayoría de las gentes de la serranía: “así como de inmortal gloria á tantos otros, que se han distinguido en estas acciones; debiendo de justicia hacer en este lugar, mención de la señalada actividad y puntual cumplimiento que dio á mis órdenes D. José de Aguilar, comandante de la partida del heroico pueblo de Benaojan, no menos que de su acreditado valor y acendrado patriotismo en todas las comisiones que puse á su cuidado, y muy señaladamente en el alarma que le encargué verificar en todos los pueblos de la izquierda de mi posición, y de la colocación de la gente que produjese en los puntos de aquel flanco, según el plan de ataque que tenía formado contra Ronda, que era entonces el objeto de toda mi atención; y como tal, había comunicado también el mismo plan á D. Juan Becerra, para que por los pueblos y puntos de mi flanco derecho practicase todos los movimientos y precauciones que le prevenía en mis instrucciones particulares, de las que también di el debido conocimiento al capitán de las milicias de Ronda D. Antonio Cidron, á D. Sebastián Tinoco, comandante de la partida de Algatocin, á D. Juan de Dios Romero, de la de Genalguacil, y á los demás caudillos que hacían el servicio de guerrillas por mi frente, y desempeñaron con el mayor valor, acierto y bizarría, de quienes se hace honorífica mención en la lista inserta en el apéndice, señalada con el número 14; para no defraudarlos de su bien merecido concepto y señalados servicios."

Haciendo un paréntesis, diremos que en este apéndice, se encuentran citados como “gefes, oficiales y comandantes de los pueblos de la Serranía de Ronda con expresion de los que me acompañaron en el principio de la sublevación” los ya citados anteriormente (Toreros, Sas, Abascal, etc.) y, por lo que se refiere a nuestra comarca, los siguientes Comandantes de los paisanos de la Serranía:

Patriotas dignos de imitación por sus servicios personales y pecuniarios: .Silvestre Calvente de los Ríos, de Benarrabá; El cura de Casares; El corregidor  de ídem.; D. Diego Romo, ídem.; El administrador de la duquesa de Osuna, ídem.; D. José de Sierra, escribano de Benadalid; El alcalde González, de Algatocin.

Y como exemplo de patriotismo, valor y lealtad: D. José Aguilar, de Benaojan. D. Juan Becerra, de Igualeja. D. Melchor González Conde, de Casares. D. Sebastián Tinoco, de Algatocin. D. Andrés y D. José Pasqual, de idem. D. Francisco Añón, de Gauzin. D. Juan de Dios Romero, de Genaguacil.

Nombres de los pueblos y sus comandantes: D. Alonso Reguera, de Atajate. D. Juan José Barranco, de ídem. D. Lidoro Sierra, de Benadalid. D. Melchor Conde, de Casares. D. Andrés Sanchez, de idem. D. Sebastián Tinoco, de Algatocin. D. Andrés y D. José Pasqual, de idem. D. Francisco Añón, de Gauzin. D. Pedro Añón, de ídem. D. Francisco Gómez, de ídem. D. José Alvares, de Benalaurla. Alonso N. (alia) el Ico, de Cortes. D. Fernando Quirós, de Benarrabá. D. Juan de Dios Romero, de Genagualcil.

Quede constancia, pues, de estos patriotas y de tantos otros como, en silencio y arriesgando sus vidas y haciendas, hicieron frente al invasor.