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De la ocupación francesa de Gaucín.- VI PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Jueves, 01 de Enero de 2009 20:35

 


VI.- PRIMER ATAQUE A RONDA: 12 DE MARZO DE 1810.-

 

Hemos visto en el capitulo precedente, las escuetas referencias al primer ataque a Ronda por unas fuerzas patriotas todavía desorganizadas, aunque bajo el mando del Brigadier González Peinado. Fray Sebastián de Ubrique, únicamente acierta a decirnos que bajo su mando atacaron y tomaron Ronda. El Manifiesto de Cortes, interesado en resaltar que su partida fue la primera en pisar las calles de la ciudad invadida, apenas nos dice que Gonzalez fue el comisionado, no sólo por ser conocedor del terreno, sino por “haber coadyuvado a planificar el germen del rompimiento: Ronda, pueblo abierto y sin defensa”. Por su parte, el Manifiesto de Casares, pone de relieve los esfuerzos de sus gentes en distraer por el flanco derecho, en el sur, al enemigo a fin de que los serranos entraran en Ronda,” en virtud de la arrogante intimación que les hizo el general González”. El propio Serrano Valdenebro se limita a decirnos que se encontraba  en la entrada de la población a la mañana siguiente de la huída de los franceses  hacía Campillos.

 

Por eso, para enterarnos de los vericuetos que nos llevaron a atacar tan significativo hito afrancesado, hemos de recurrir a los relatos de los dos protagonistas más directos del evento: uno, González, interesado en justificar su actuación; y, el otro, Ortiz de Zárate, sólo pretendiendo poner de relieve el fracaso de quien le había sustraído el protagonismo.


Nos dice Gonzalez: “Mientras continuaban las disposiciones y alarmas de los pueblos para aquella operación, los enemigos trataron de estorbarla, penetrando por Olvera á las doce del dia 11 de marzo, y empeñaron con Becerra una pequeña acción que concluyó gloriosamente con la derrota y muerte de muchos franceses, habiendo tenido por nuestra parte un solo muerto, lo qual me avisó el alcalde de Olvera, participándome al mismo tiempo el riesgo que amenazaba al pueblo por el encono de los enemigos, no teniendo medios para resistirlos, á pesar de sus grandes deseos, por la total falta de armas y municiones con que se hallaba; ¡desgraciada y triste situación la de estos pueblos, dignos del mayor aprecio y consideración, pero comun á todos, por el descuido y negligencia con que desde el principio se miraron sus necesidades y auxilios¡”.

 

Justa Vindicación de El Pastor

 

Sin embargo, El Pastor arremete: “Tercera suposición falsa, con perjuicio de tercero: Los franceses que refiere penetraron por Olvera, y que trataban de impedir la insurrección, sólo eran ciento cincuenta de caballería, que conducían mas de cien caballos sueltos con dirección á Ronda, llenos de pabor: de estos, entraron en dicha villa, el diez de marzo, y no el once como dice, un Capitán, un Teniente, y un dragón á preparar el alojamiento, y en seguida siete ú ocho dragones á herrar sus caballos quedando los restantes fuera de la villa. Un vecino de la misma villa de Olvera llamado Lope de Troya, lleno de patriotismo se dirijia contra los franceses de dentro, mas el cura D. Pedro Ximenez se le puso de rodillas, y le pidió por Dios que se contubiera, cuyos ruegos con otros de los de aquella justicia, detuvieron su ímpetu; los oficiales y el dragón que se habían refugiado á la casa del ayuntamiento, luego que vieron sosegado el pueblo, huyeron á incorporarse con los de fuera, y todos pasaron la noche en la posada que hay extramuros. El Lope de Troya no cesó en toda aquella noche de animar á sus compatriotas, y convidarlos á beber aguardiente, pues lo tenia en su casa como fabricante que era; y por último, pidiéndole las llaves de la cárcel al alcalde D. José Solache, tuvo que dárselas, y con ellas sacó quince fusiles que allí había, los que repartió. A la mañana siguiente que se contaba el once de marzo, se pusieron en movimiento los franceses para Ronda; mas á corta distancia de la villa se hallaron atacados por este exército patriótico, y aunque estaban llenos de miedo los franceses, hicieron alguna resistencia; pero viéndose envueltos por el flanco derecho, izquierdo, vanguardia y retaguardia, huyeron á escape, dejándose treinta y cinco muertos, catorce caballos, y muchísimos equipajes. La historia no habla que hubiese ningún muerto por nuestra parte, y sí de que un muchacho mató á un soldado de una pedrada.

 Esta es la acción que indevidamente le quita al infeliz Lope de Troya, que se halla pidiendo limosna para mantener siete hijos y su muger, por haberle confiscado sus pocos bienes los franceses, y se la atribuye á su ahijado D. Juan Becerra, conocido por un asesino, pregonado por la real Audiencia, que con este embrollo y otros como éste, se halla lleno de riquezas y honores militares, sin haber hecho por la patria la mas mínima cosa: mejor lo conoció el general Vallesteros al Lope de Troya, pues pidiéndole el retiro este á dicho Sr. por no poder mantener su familia con la ración que le daban, le dixo, poniéndole la mano sobre el hombre: á patriotas como Vd. no les doy yo el retiro, pues los necesito á mi lado; por último trabajó al lado del general Vallesteros; y últimamente le premió para que se retirara á su casa con facultades que pudiera sacar una ración diaria.

 Para mas prueba de mi verdad, léanse las páginas 49 y 50 del manifiesto del Sr. Peynado, y se verá al Becerra comisionado en otros asuntos el mismo día diez de marzo á distancia de siete leguas: pasemos adelante.”


De ambos documentos me parece deducir la inquina de El Pastor contra Gonzalez, que pretende restar importancia a la acción relatada por éste (los franceses, sólo eran ciento cincuenta de caballería), niega que hubiera muertos por nuestra parte, frente a la afirmación de Peinado, y atribuye la azaña a un “infeliz Lope de Troya”, negándosela a Becerra, al que moteja de ahijado del General, asesino, lleno de honores y riquezas sin mérito alguno. Por supuesto, sin justificar tales imputaciones, lo que es frecuente en El Pastor.

Sigue González: “Como la misma experiencia me hacía conservar tan fundadas esperanzas del valor y entusiasmo de los serranos, lejos de detenerme en mis empresas, los mismo obstáculos me estimularon á llevarlas á su término con mayor actividad; y decidido, como lo estaba, á atacar a Ronda, dirigí a su cabildo y clero, y al comandante francés los oficios siguientes:

“Señores del cabildo eclesiástico y secular de la ciudad de Ronda. Oigan V. SS. la imperiosa voz de la rason y de la justicia: seis mil patriotas serranos y dos mil soldados veteranos, que tengo el honor de mandar, están decididos á vengar los ultrajes que han recibido de las tropas francesas, estas no tienen otra suerte que ser prisioneras ó morir: me será muy sensible el que se mezcle ningún ciudadano con los enemigos, pues si así se verifica, deberán temblar de su escarmiento. Dios guarde á V. SS. muchos años. Quartel general de los llanos de Encina borracha 11 de marzo de 1810. Francisco Gonzalez”

“Señor comandante francés. Seis mil patriotas serranos, y dos mil soldados veteranos, que tengo el honor de mandar, están decididos, y yo con ellos, á vengar los ultrajes cometidos por las tropas de vuestro emperador en esta Serranía: un anciano ahorcado, otro abrasado entre las llamas, y tres hombres degollados en la villa de Gauzin impunemente, están pidiendo venganza, pero soy militar, y las leyes de la guerra me obligan á manifestaros vuestro peligro: todos los puntos por donde pudierais retiraros de esta ciudad de Ronda están tomados: si no os entregáis prisionero con vuestra tropa, sin remedio seréis pasados á cuchillo; y para mas convencimiento os aviso, que las municiones que os venían de Málaga están en mi poder, y los que las conducían han sido muertos ó prisioneros. Si alimentáis vuestras esperanzas con los indignos españoles que se habían hecho de vuestro partido, es una quimera, pues muchos de ellos no existen, y los demás serán perseguidos por el sabio gobierno que manda ambas Españas. Una hora os doy de término para que me contestéis: abrazad el partido que querrais, pues solo espero vuestra respuesta. Campamento de Encina borracha 11 de Marzo de 1810. Francisco Gonzalez”

 La energía de estos oficios produxo los mas saludables efectos en el espíritu público de todos los serranos, que se apresuraban á concurrir en quanto podían á mis buenos deseos, aunque de todos era también comun el clamor, por armas y municiones, y repetidos mis recursos é instancias al comandante general del campo, para que la proporcionase, sin otro fruto que el de repetirme, que por entonces no podía suministrar nada de los artículos que se pedían, contentándose con hacer el ofrecimiento de continuar sus buenos oficios con el gobierno de Gibraltar.”

La contestación a esta decisión por parte de El Pastor, es terminante y, de ser cierto que  González Peinado recibiera el oficio de Cauley, sin seguir sus indicaciones, pondría de relieve uno de los factores que determinó el fracaso de la acción sobre Ronda: la falta de coordinación entre nuestras fuerzas y el empeño en seguir cada uno sus propias determinaciones, pues, como se ha puesto de relieve, con estas reyertas y miserias crecían los males de la patria (Conde de Toreno: “La guerra de la independencia”).

Así, argumenta El Pastor: “A la página 53 del manifiesto de que hablamos, se lee la intimación que le hizo al comandante francés de Ronda, suponiéndole tenia á sus órdenes ocho mil hombres: y á la 56 las disposiciones que dio la noche del once de marzo, todo con el fin de aparentar muchas fuerzas; y aun añade que estas determinaciones surtieron el mejor efecto; qual fue, el que huyesen los enemigos.

 Ahora, pues, el brigadier Gonzalez Peynado, se le pasó un oficio por el comandante Ingles Cauley, que yo escribí, para que no les intimase la rendición, hasta que nos situásemos en la parte opuesta de su posición para cortarles la retirada; él confiesa que tenia á sus órdenes 3000, (y es verdad) sin que ignorase que nuestras fuerzas ascendían en aquel entonces á 3000 infantes y 200 caballos, por la multitud que diariamente se nos reunían, también era público, y á él no podía ocultársele, que los franceses que había en dicha ciudad no pasaban de 250, y siendo esto así ¿qué causa ó motivo le movió á auyentar los franceses con aquella intimación tan intempestiva? Vosotros, mis amados compatriotas, juzgareis lo que os acomode; lo cierto es que habiendo sabido en nuestra marcha al sitio que dejo indicado, la evacuación de Ronda por los franceses, aunque a nuestro pesar, nos dirigimos á aquella Ciudad, entrando en ella dos horas después que el brigadier y su gente;

Por su parte, Gonzalez sigue con los pormenores: “En 12 del mismo marzo tuve aviso desde Ximena, que por un paisano de Alcalá se había sabido en aquel pueblo, que en la ciudad de Medina Sidonia se preparaban cinco mil enemigos para ir sobre aquella misma villa, y que hallándose con poca gente para defender los puntos de la Sierra estaba esta amenazada por aquel flanco, por lo qual era indispensable que se acudiese á cubrirlo; así se lo previne al comandante ingles Cauley, por cuyo medio se atendió, como se pude, á esta necesidad, contando también para ella con el valor de los serranos, que eran los mismos en todas las ocasiones apuradas, y en todas las vicisitudes, sin que dexáran de ocuparse, además de las operaciones militares, en otras medidas gubernativas para el mejor régimen interior de los pueblos, y asistencia de los que estaban con las armas en la mano para defenderlos.

  Con este objeto se formó en la villa de Casares una Junta de los sujetos mas idóneos y caracterizados del pueblo, que empezó sus útiles tareas adoptando las medidas mas enérgicas sobre provisión de víveres, dando yo también por mi parte las órdenes convenientes á los pueblos (Marginal, Montejaque, Benaojan, Grazalema, Venaocaz, Bosque, Ubrique y Villaluenga ) para que se asistiese á las familias de todos los casados empleados en su defensa en los términos que manifiesta el documento número 15 que expedí por vereda desde Ronda, donde había ya entrado el mismo día 12, porque produjeron el efecto deseado todas mis medidas para esta acción, cuyo resultado se verificó por el órden siguiente.

 Después de haber intimado categórica y expresamente á su guarnición, cuyo comandante contexto con mil brabatas y amenazas, como acostumbran, dispuse que aquella noche tres mil hombres reunidos en los llanos de Encina borracha (que era toda mi fuerza) se colocasen en las alturas que dan vista á Ronda, y que encendiesen ciento cincuenta hogueras al mismo instante que viesen encendida la del punto donde yo me hallaba, haciendo conocer por este medio á los enemigos la extensión de mi línea, dándole idea de grandes fuerzas y del ningún temos á las suyas.

 Esta medida produxo el mejor efecto, pues bastó pro si solo á imponer al enemigo; y aquel, que pocas horas antes me insultaba y llenaba de los mayores denuestos, se amparó de las tinieblas para ocultar sus movimientos, y poniéndose en precipitada fuga, abandonaron aquella madrugada la ciudad, sin que me decidiera á seguirlos desde luego, porque no consideraba á los patriotas en el estado de instrucción necesaria para hacerlo ordenadamente, y también porque la necesidad me obligaba á detenerme allí, á restablecer el órden, constituir las autoridades, y tomar nuevas y mas eficaces medidas para mis operaciones ulteriores, considerando harto recompensadas mis fatigas con este glorioso acontecimiento.”

El Pastor reprocha a Gonzalez esta determinación con duras palabras: “en las mismas páginas y hablando sobre esto mismo, dice que no persiguió á los franceses por que no hallaba á los paysanos con la instrucción y disciplina precisa, y si conocía esto, como lo dice al principio de la página 57 ¿por qué los conduxo luego á las llanuras de Campillos á que los franceses se los asesinaran y dispersaran? confiese con ingenuidad que es cobarde, y los hombres sensatos no atribuirán estos pasages á infidencia.”


Sigue ilustrándonos González Peinado: “Fue general el júbilo de los rondeños al verse libres del yugo opresor que contenía y sofocaba el sagrado fuego de su patriotismo; mas, sin embargo no faltaban entre ellos algunos, cuyos semblantes que estaban de acuerdo con su conducta anterior, no podían ocultar los remordimientos y temores de su corazón; pero como la prudencia exigía por entonces el disimulo, me ocupé solo en restablecer el órden y quietud pública; hice que se repitiesen solemnemente los juramentos de fidelidad y vasallaje á nuestro legítimo y deseado soberano Fernando VII, tributando por todo las debidas acciones de gracias al Señor Dios de los exércitos, con actos públicos y solemnes de religión.

Quando nos preparábamos para ellos llegó á Ronda el comandante ingles Cauley, el qual, con un comisario de la propia Nación, que lo acompañaba, asistió a todo, queriendo tomar parte en estas demostraciones de nuestro júbilo, y obligación religiosa, así como la había tomado tantas veces en los riesgos y triunfos de nuestros patriotas, quienes se esmeraron tanto en su obsequio en esta ocasión, como lo habían hecho en otras en su ayuda.”

Frente a estos elogios de Gonzalez al comandante inglés, El Pastor es implacable en su crítica y, al final, muestra su resentimiento: “A la página 57, y hablando de los preparativos que practicó para que se hiciesen actos religiosos, á fin de dar gracias á Dios por la toma de Ronda, dice: “Quando nos preparábamos para ellos, llegó á ronda el comandante inglés Cauley, el qual con un comisario de la propia nación, que lo acompañaba, asistió á todo queriendo tomar parte en estas demostraciones de nuestro júbilo y obligación religiosa, así como la había tomado tantas veces en los riesgos y triunfos de nuestros patriotas, quienes se esmeraron tanto en su obsequio en esta ocasión, como lo habían hecho en otras en su ayuda &c”.

  Es muy extraño que el Sr. Peynado elogie muy de paso al capitán ingles Cauley, y que no haga mérito de su segundo Michell, quando uno y otro cumplieron con sus deberes con tanta exactitud, haciéndose merecedores del aprecio de nuestra nación; y aun es mas extraño, que desde de referir su brillante acción de Arcos de la Frontera (5) contentándose solo con expresar que el comandante Cauley se presentó, como por causalidad, sin manifestar la gente de armas que llevábamos, y solo nombra al comisario, que ni era tal ingles, ni menos lo conocía Cauley, y en fin es uno de los que buscan el río revuelto; y á la verdad hace muy bien el Sr. Brigadier Gonzalez Peynado, en atribuirse todo lo que él llama gloria en la memorada acción de Ronda, pues creo, y no sin fundamente, que los oficiales ingleses tendrían muy á mal, que se dixese que ellos habían tenido parte en dicha acción, quando con 6000 infantes, y lo menos 300 caballos que había que oponer, se escaparon 250 franceses que allí había: el que de mí no haga mérito, no es nada extraño, atendiendo el espíritu que lo anima; pero buen sabe el Sr. Peynado que yo era el secretario del comandante ingles Cauley, cuyo empleo desempeñé con la mayor pureza y por lo mismo me hize acreedor á su  aprecio”
.

Continúa Gonzalez con el relato de los hechos: “ Dos horas después de concluidos estos actos religiosos llegó á Ronda el gefe de esquadra D. José Serrano Valdenebro, quien me felicitó con el mayor júbilo por las ventajas conseguidas: yo que jamas he ambicionado mandos, ni me he desdeñado nunca de obedecer al que puede mandarme, le propuse á éste gefe se encargase del mando de todo, ofreciéndole quedarme muy gustoso á sus órdenes; pero se negó á ello, porque habiéndole quemado los enemigos su casa, y quanto en ella tenía, se hallaba en la indispensable necesidad de hacerse algún equipage, pues no tenía otro que el puesto."

También apostilla El  Pastor lo de los actos solemnes de religión, diciendo: “quarta suposición falsa: Los actos religiosos que se hicieron, fueron el saqueo, y todo género de males que cometió su gente, y aunque con nuestros paysanos me vio estorbar muchos daños, y hacer devolver lo robado á sus dueños, no menciona nada de esto; en primer impreso explico algo de esto, y debe entenderse es el brigadier Gonzalez, el gefe de las quadrillas que nombro al folio 16. Para mayor prueba de esta verdad, copiaré á la letra del manifiesto del general Valdenebro… y entrecomilla las duras palabras de éste sobre “La atroz conducta del paysanage entregado á la desolación mas criminal, me arrancó lágrimas…”.

Dejemos, por ahora, los reproches entre ambos personajes, productos de los sentimientos de fracaso, en un caso, y de resentimiento, en otro, y sigamos con el relato de los últimos acontecimientos relacionados con el primer ataque a Ronda que hemos relatado.

Nos dice González Peinado que “La ocupación de Ronda por nuestras armas fue de sumo contento para todos los pueblos de la Serranía, los quales se apresuraron á felicitarme por este suceso, ya por diputaciones, ya por escrito…

 De todo di el correspondiente parte al comandante general del campo, para que lo trasladase á noticia de S.M., como lo hizo, y consta de la gaceta extraordinaria del consejo de Regencia del sábado 17 de marzo,..

 Los tres dias que me detuve en Ronda, los ocupé en el restablecimiento del buen órden y demás medidas que dexo relacionadas, no dudando que entre tanto los pueblos, á quienes con sobrada anticipación les había comunicado mis órdenes para el caso de una retirada forzosa de los enemigos, hubieran cumplido con quanto les prevenía; pero faltando á ello lograron librarse de una derrota que hubieran sufrido, si los mismos pueblos hubieran cumplido con mis órdenes; añadiendo á este sentimiento el de no haber podido haber á las manos al Corregidor de Ronda D. Diego Sanz y Melgarejo, el qual se creía fugado con los enemigos; aunque después fue aprehendido en el mismo pueblo por el capitán D. Antonio Cidron, cuyo logro fue entonces tan celebrado de todo buen patriota, como es sensible á los mismos ver en el día la impunidad de sus crímenes, con la qual se insulta la justicia, se ataca la seguridad de los pueblos, se sufoca el patriotismo, y no se estimulan la lealtad ni las buenas acciones, viendo que mas protección logran los malvados en los tribunales, que estímulos y premios obtienen del Gobierno los buenos: sin embargo, fruto de nuestra entrada en Ronda fue el extenderse la sagrada llama de la insurrección de defensa á mas de cuarenta pueblos, que con la capital quedaron libres de la vil dominación enemiga; y me ofrecieron para en adelante todos los socorros que pudiera necesitar, pidiéndome armas, municiones é instrucciones para su ulteriores operaciones; siguiendo en esto el ejemplo que en aquellas circunstancias les daban muchos recomendables vecinos del mismo Ronda… Arreglado todo en estos términos, verifiqué mi salida de aquella ciudad en la tarde del 25”. (Deberá entenderse que se trata del día 15, pues dice que se entretuvo en Ronda tres dias, desde el doce que fue la ocupación).


La salida de Gonzalez Peinado de Ronda merece el siguiente comentario del Manifiesto de Cortes: “Tan duradero fue el mando del Brigadier González como la ausencia de los franceses de Ronda: el 21 regresan a esta Ciudad; día en que el General Valdenebro, que se hallaba en esta Villa, recibe la orden del Supremo gobierno para Comandante de los pueblos de la Sierra."

El propio Gonzalez incluye como apéndice Núm. 20 el siguiente oficio:

Habiendo S.M. nombrado al gefe de esquadra D. José Serrano Valdenebro para tomar el mando de tropas y cuerpos de patriotas de la Sierra, consiguiente á sus particulares graduaciones, y por diferentes instancias de varios pueblos: lo aviso á V.s. á fin de que le de á reconocer en debida forma quedando V.S. á sus ordenes para que lo emplee según convenga, esperando que con el mismo celo y patriotismo que ha manifestado, y de que estoy muy satisfecho continuará la justa empresa á que nos hemos decido. Dios guarde á V.S. muchos años. Principal de la línea 19 de marzo de 1810=Adrián Jácome=Sr. D. Francisco Gonzalez.


No quisiera adentrarme en los acontecimiento sucedidos en la Serranía, y en especial en nuestro pueblo, a partir de la toma de posesión por parte de Serrano Valdenebro del mando efectivo de “las tropas y cuerpos de patriotas “(un intento de unificación de acciones), sin apuntar algunas consideraciones sobre uno de las imputaciones mas graves que los historiadores han hecho sobre los sucesos acaecidos a raíz de la ocupación de Ronda; desgraciados hechos que intenta paliar Gonzalez Peinado, lamentó Serrano Valdenebro, de los que se hizo eco El Pastor, como hemos visto, y que –como ya dije en mi libro sobre el tema- el historiador rondeño Juan José Moreti atribuye al rencor de los serranos contra Ronda y sus regidores, incluidos los judiciales.

No es exclusivo de los guerrilleros españoles. Sin distanciarnos mucho en el tiempo y en el lugar, nos consta cómo entró el General Sebastiani en Málaga, el día 5 de febrero,  “y empezó el pillaje… que no cesó hasta el día siguiente”, mientras el General francés mandó ahorcar guerrilleros como el capuchino Berrocal, el notario San Millán y otros ayudantes de Abelló (por otro lado, mal defensor de la ciudad), que huyó a Cádiz según nos relata el Conde de Toreno. Y, en nuestro entorno, las muestras de destrucciones y pillaje por doquier han sido puestas de relieves por los estudiosos, como tuve ocasión de reseñar en mi libro “Gaucín 1742-1814”, lo que no reitero en aras de la brevedad.

Las propias características de las guerrillas facilitaban los excesos bélicos: sólo a base de coraje, maña y, a veces, salvajes dentelladas de hombres inexpertos y casi sin armas, con el único auxilio de hoces, hachas o palos, harían posible doblegar a un ejército pertrechado y bien organizado. Las tácticas a emplear, basadas en la sorpresa, la valentía y, aún, la astucia  (emboscadas, sabotajes, hostilidad permanente…) en terrenos abruptos,  bien merecen los calificativos de “infierno de España”, “la serranía como calle de la amargura” con que los franceses apodaban a nuestros modos de guerrear.  Por otro lado, la guerrilla se nutre normalmente de gente irregular –en el sentido de no ser conforme al orden establecido por el arte de la guerra-, ya proceda de oficiales y soldados que pretenden hacer la guerra por su cuenta o que huyen de las plazas sitiadas, ya se trate de guerrilleros civiles, cuya procedencia es tan dispersa lo mismo que puede hablarse de honrados personajes que de enfervorizados defensores de la trilogía Dios-Patria-Rey, o, simplemente, de contrabandistas e, incluso, malhechores huidos de las cárceles. Es difícil embridar tan dispares sentimientos y es explicable –aunque no justificable- que sus reacciones primarias sean a veces excesivas y desproporcionadas. Creo que es lo que puede esperarse de este universo, formado como nos dice en sus Memorias el propio Mariscal Suchet por “campesinos, propietarios, padres de familia, sacerdotes y frailes (que) abandonaron sus ocupaciones sin dudarlo con el fin de engrosar las bandas formadas contra nosotros

Ya sabemos que Serrano, sin perjuicio de elogiar la valentía y la facilidad de movimientos en montes casi inaccesibles, puso de relieve que “mientras las tropas no se den cuenta de que las batallas sólo se ganan con la espada y la bayoneta, no hay nada que hacer, como se consigue la victoria es acometiendo al enemigo con unión y con valor”, lo que era consecuente con su modo de entender la milicia. Pero no por ello es constatable la actitud irregular, por usar un eufemismo, de las guerrillas. No tengo dudas de que la resistencia está ligada a la pobreza de aquellos tiempos y a una tensión social creciente, a veces unida al retraso en las costumbres y a motivaciones ideológicas y religiosas, lo que justifica la explosión espontánea de composición popular que representó el fenómeno guerrillero. Me gustaría penetrar en los sentimientos de aquellas gentes, cuyas casas incendiaba el invasor –ciento setenta y cinco en Gaucín-, perseguidas sin descanso y acuchilladas sin piedad –eso le sucedió a la partida de Gaucín, que entraba en Málaga, el 19 de marzo-, saqueadas, robadas y quemadas todas sus pertenencias y los archivos municipales y parroquiales –seis veces fue invadido Gaucín y diecisiete días sufrieron saqueo sus avenidas, nos dejó escrito en el libro de Difuntos el Bachiller Guerrero-, y preguntarme si era razonable encontrar en ellas la mesura y el comedimiento que un juicio racional, y no violentado, permitiese una respuesta serena. 

Sean cuales sean los motivos que animaron a los guerrilleros al saqueo de Ronda, nos consta –por los testimonio de Moreti y Rocca- que las cárceles se abrieron y los delincuentes se apresuraron a vengarse de sus jueces y acusadores. Esto, a mi juicio, exonera en cierta manera la actuación de aquellos hombres, entre los que de seguro –junto a los rencores motivados por las circunstancias que he dejado apuntadas- anidaban con gran vigor sentimientos de auténtico patriotismo. Sin ellos y su manifestación en los mil vericuetos de la serranía -donde la posible rapiña se limitaba a los ariscos remates de los picachos montañosos- otros derroteros hubiera seguido la recuperación de la integridad de la Patria.

Dejemos la polémica para los estudiosos y, ahora, tendamos un manto de benevolente consideración hacía muchos de nuestros antepasados.

NOTA.- Por ahora, voy a dejar de molestar con tanta asiduidad a mis sufridos lectores. Las venturas y desventuras de nuestras gentes en la gesta de la independencia, volverán a ocupar esta página pasada una temporada de descanso.