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Escrito por Salvador   
Martes, 17 de Noviembre de 2015 12:37

 


De volver a la zorrera. Y lo voy a hacer con pocas palabras y muchas fotos.
Hace mas de tres meses que no entro en la madriguera, aunque haya hecho alguno que otra incursión en otras secciones (“Un cumpleaños glorioso”, “Una de sepia del Storyteller”, la presentación del libro “Gaucín, traditional cooking” de mi cuñado Miguel Vázquez…). Aparte, claro es, la colaboración semanal en el periódico IDEAL.


Por eso, sin más preámbulos, os animo a visitar los reportajes sobre la visita de Gaucín para los disantos, con la presentación de la colocación de la lápida del Párroco D. Sebastián Collado, que va con el titulo convencional de


GAUCIN NOVIEMBRE 2015


https://plus.google.com/photos/118184867089338388542/albums/6217412750782510881

Tambien, a continuación, las palabras que tuve el placer de pronunciar en la Parroquia:

Antes que nada, dar una cordial bienvenida a nuestro nuevo Párroco, al tiempo que darle la enhorabuena por el hecho de que su primer acto pastoral sea el intento de reparar un olvido innecesario en la persona de un antecesor suyo, Don Sebastián Collado Vallecillo, párroco de Gaucín durante muchos años, en el siglo XVIII. Es justo y obligado sacudir nuestra indiferencia ante figuras señeras que han formado parte –y deben seguir formándola- de nuestra pequeña historia.
Rescatar la memoria personal de D. Sebastián y colectiva de  los gaucinenses, es lo que se pretende con la colocación de esta lápida en la que se lee:


EL CURA PARROCO DE ESTA VILLA D. SEBASTIÁN COLLADO, FUE SEPULTADO EN LA YGLESIA DEL SANTO NIÑO  DIOS,  EL 28 DE DICIEMBRE DE 1754,  Y TRASLADADO  INCORRUPTO SU VENERABLE CUERPO DE ORDEN DEL EXCMO. SEÑOR OBISPO ESTE AÑO EN 19 DE JULIO DE 1852.


Ponerla en un sitio digno, es un acto de reconocimiento, que es posible gracias a la diligencia que tuvo D. Javier García Pascual en marzo de 2011 cuando fue encontrada accidentalmente con motivos de obras en dependencias de la casa parroquial y a la voluntad de D. Rafael Navarro Cortés que quiso dejar colocada antes de irse. Ahora D. Miguel Ángel Merced Reyes remata la obra y nosotros recibimos la ofrenda. Con la colaboración, como siempre, del Sr. Alcalde D. Pedro Godino.


La vida y obra de D. Sebastián Collado fue tan sencilla como emotiva. Sabemos que era natural de Gaucín y de su arraigo entre nosotros, por la cantidad de familiares que se relacionan en escrituras y documentos. La primera referencia que me consta es una escritura de 25.2.1703, venta en almoneda de una viña, a Francisco Pablo Rendón, en la Loveria y en la que figura “como testigo Sebastián Collado presbítero”. En 1726 hay un documento, aparecido en la antigua puerta de la Sacristía de la que entonces se denominaba “Iglesia de Santa María de la Villa de Gaucín”  en el que se nos dice que “se hizo esta puerta a devoción de los vecinos, del Beneficiado de dicha villa  y Don Sebastián Collado cura”. El acta de Confirmaciones del mismo 1726 actuó de padrino “de los hijos de el Licenciado Xritobal Infante y Doña Bárbara María Collado, su muger”, probablemente su hermana. Posteriormente, aparece en las actas del Censo del Marqués de la Ensenada, con ocasión de la formación de la Única Contribución. Las operaciones iniciales, con los rituales de rigor, consistían en el juramento que prestaban las personas que iban a ser interrogadas y se hizo "con asistencia de Don Juan de Luque/ Solano beneficiado de la parroquial de la dicha villa/ por ausencia de Don Seuastian Collado, cura de/ dicha parroquial”


Hay que hacer una mención especial al sermón que, el día 8 de septiembre de 1813, pronunció  D. Miguel Alarcón y Morales, con ocasión del feliz acontecimiento del nacimiento del futuro XV Duque de Medinaceli, ocurrido días antes en la calle Arrabalete. Con tal motivo y para celebrar asimismo la recuperación de la Imagen del Santo Niño, abandonada por los franceses, se dieron dos Funciones de acción de gracias. Y es curioso lo que en él se relata, en relación con el descubrimiento de la Imagen despeñada en las rocas del Castillo: “el Orador, supo que se disputaba esta fortuna entre dos buenas mugeres; pero ello es que, una de ellas, la dicha Ana de Osorio, lo entregó al Teniente de Cura D. José Aliseri Clemata, y este es el que la condujo en sus brazos a la choza del Señor Beneficiado".


Mas adelante, el orador sacro nos relata un milagro, del que fue agraciada Doña Maria Infante y Collado (sobrina de D. Sebastián),  ya que se hizo llevar en silla a la Ermita y "se dejó allí las muletas, y baxó a su casa por sus pies perfectamente sana".
Así es que, nuestro santo varón, al parecer, hizo un milagro en la persona de su sobrina Maria  y, también, en la persona de su resobrino el Teniente de Cura que fue el que tuvo el honro de recibir la Imagen recién hallada.


Pues, bien, de los datos que he tenido la suerte de encontrar, me han llamado la atención dos en especial.
Uno, lo constaté en sus disposiciones testamentarias, por lo reducido del caudal de bienes que dejó, que denotan la austeridad con la que vivió, en contraste con aquellos años de beneficiados y prebendas de la curia. Lo cierto es que no era muy diligente a la hora de cobrar a sus vecinos, pues, a su muerte, le debían los diezmos y primicias de cuatro años y la verdad es que no es grande su herencia, después de tantos años de curato.


El otro, la repercusión de sus actos entre la feligresía lo que explica la afirmación tradicional de que “murió en olor de santidad”. La santidad de D. Sebastián Collado siguió cobrando fama, hasta el punto que concitó el fervor de toda la comarca y provincia con ocasión de la exhumación de su cadáver –enterrado en la Ermita del Santo Niño, como consta documentalmente- y ser hallado éste incorrupto.  En mi web relato minuciosamente esta repercusión y ahora solo citaré el testimonio
de la escritora inglesa Lady Emmeline Stuart-Worthley (1806-1855) que en su libro “Wanderers” (Londres, 1918), nos detalla las peripecias a su paso por Gaucín, en unión de su hija, durante el mes de junio de 1852: «Gaucín, una parada obligada… No llegan en un día cualquiera. Anda el pueblo alborotado porque desenterrado, sin saber nadie cómo, el cuerpo de un religioso, tras muchos años de permanecer sepultado, los restos están incorruptos. En la Posada del Sol donde se alojan, la dueña les refiere que el futuro santo ha sanado a una mujer de su ceguera y a un tullido de su pierna inválida. Las noticias de los sucesos se habían extendido por toda Andalucía y a miles habían llegado desde Málaga, incluido el obispo de la ciudad. Ahora, con la presencia de todos los habitantes y forasteros se le está dando, de nuevo, solemne sepultura. Ya antes de llegar al pueblo, sin que supieran el motivo, las inglesas se habían tropezado con grandes caravanas de gente, de todas las condiciones, edades y sexos, que se dirigían al funeral”.


Quede, pues, constancia de estos pequeños detalles de la vida de un sacerdote ejemplar, cuyo cuerpo tengo casi la certeza de que siguen enterrados en esta Iglesia de San Sebastián (no sé si esta segunda denominación se debe, precisamente, a su venerado párroco) y es merecedor del reconocimiento que hoy se le hace. Esta lápida, probablemente del inicial enterramiento en la  Ermita del Santo Niño Dios de Gaucín, ha encontrado un digno lugar para el recuerdo y la oración.


Como hay otras fotografías de esos días, las he recogido en otro reportaje que titulo


VUELTA AL OTOÑO


https://plus.google.com/photos/118184867089338388542/albums/6217409434335927281


Perdón y gracias.