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Una de azotes PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Domingo, 04 de Octubre de 2015 23:20


Acabo de venir del IEG, donde he asistido a la inauguración de la  interesante exposición fotográfica y legado de la saga Linares. En la calle de los Uribe, junto al Palacio Villardompardo, me he tropezado con un grupito de señoras mayores que hablaban con un joven, de facciones sudamericanas, que les decía “pues, ustedes no se lo creerán, pero en mi país todavía los padres dan un tortazo a los hijos, aunque sean mayores, y estos no replican”. Dejando aparte las ventajas o inconvenientes de esta pedagogía de la bofetada paterna, la intención que me pareció percibir en la aclaración del inca, me lleva de inmediato a pensar en las recientes elecciones autonómica catalanas y  me entran unas ganas locas e irrefrenables de dar un par de  azotes a unos y a otros, a los que han ganado y a los que han perdido –o, han perdido y han ganado-, a los que, dentro y fuera de Cataluña, se empecinan en mantenerla en tensión opresiva.


Porque, no sé lo que piensan ustedes, pero yo estoy harto de esta tautología, de esta repetición inútil y viciosa de las cosas evidentes. Ya sabemos lo que han dicho las urnas y sus consecuencias. Los independentistas, no han obtenido la mayoría que buscaban, pero siguen instalados en su mundo, creyéndose vencedores, capaces de imponer su hoja de ruta. Mientras, los no independentistas, pese a la mayoría de  votos,  no obtienen el poder y, los más acérrimos, siguen esgrimiendo la ley y el inmovilismo como panacea salvadora. Mas y Rajoy, realimentándose mutuamente para seguir en el palito. En la trastienda, entretanto, han quedado las cosas que realmente deberían interesar a los catalanes: el paro, la cesta de la compra, la educación, la sanidad, la solución de los irresolubles escándalos de corrupción, con la familia Puyol en casita y los tres por cientos que rondan a Mas revoloteando en el ambiente. Pero, no desesperemos: los de la CUP ya flaquean y buscan una solución de consenso con la bonita fórmula de la presidencia “coral”. No me dirán que no tienen imaginación los irreductibles adalides  de la ruptura que, precisamente, se han unido por encarnar lo más florido del independentismo asambleario catalán, del socialismo, anticapitalismo, feminismo, pencatalanismo, euro escepticismo y, en fin, del ecologismo. ¿Cuál de estos ismos  aceptará Mas –que está a punto de convertirse en mártir de la causa- para ser investido President?


A todo esto, habría que tener una serena y atenta reflexión, sin crispaciones ni boutades innecesarias. Si de estos meses de tirantez, sólo podemos concluir que la comunidad catalana está trágicamente dividida, mal nos irá: a los catalanes y al resto de españoles. ¿No será posible que los encargados de solucionar el problema –los políticos de todo el arco, porque la cuestión es eminentemente política- se pongan de una vez a buscar lo que une e intentar reconstruir el consenso que tan positivo nos parecía cuando se votó mayoritariamente la Constitución del 78? Si desperdiciamos una nueva oportunidad, la cuestión irá a peor, como ha sucedido en estos últimos años, en los que hemos pasado de un independentismo residual, del 15 % hace diez años (nacionalismo, siempre lo ha habido, desde hace dos siglos), a cerca del 48% de los votantes…



Es por eso que, lejos de intransigencias y convulsiones, lo que en estos momentos se precisa es sentarse a la mesa y buscar, juntos y en igualdad, la libertad que haga posible aceptar lo que de cada parte sea enriquecedor. La política debe estar al servicio de la inclusión de los diversos, lo que es la esencia de la convivencia. Dejemos, por el momento, el proceso que –como prometió Mas antes de la elecciones y corroboró la CUP después-  se ha acabado, al no haber mayoría soberanista. Pero, asimismo, olvidemos intransigencias, los malos augurios y las leyes intocables. Ambas posturas son un verdadero azote -castigo, calamidad o aflicción, según nos indica el DRAE-  y bueno será que se nos permita darles sendos azotes, en la acepción de golpe dado en las nalgas con la mano. Se lo merecen.


Por otra parte, no seamos más papistas que el papa y pretendamos desde fuera de Cataluña empeñarnos en levantar fronteras artificiales. No hagamos maniqueas simplificaciones, porque la realidad es rica en matices y compleja en su estructura. Como me decían mis hijos, cuando críos, un por favor: si resulta necesario, acométase la reforma constitucional. Y a ello debe encomendarse el nuevo gobierno que salga de las urnas, por desgracia prolongadas hasta el extremo de la onda. De verdad, un por favor: dejen la crispación y pónganse a gobernar.


Y, nosotros, los simples mortales, dejémonos de boicoteos de andar por casa y pongamos un mínimo de altura de miras, de comprensión, de dejar de mirarnos el ombligo, y, por favor, desistamos de levantar vallas y concertinas frente a los españoles que viven en Cataluña. “Todos los muros caen, hoy, mañana, o dentro de cien años, pero todos caen. No es una solución. El muro no es una solución. El problema permanece. Y permanece con más odio” nos ha recordado Francisco al salir de EEUU.


Por ello mismo, me produce desazón entrever que la division es una realidad, no solo a nivel institucional, sino que tambien a ras de amigos y familiares. No estaría de más que dejáramos de mandarnos chistes malos y muñequitos con los catalanes de turno: tontos de remate o listillos que pretenden engañarnos. Ya está bien de mensajes, videos o audios por muy breves y virales que sean…


¡Traguémonos nuestras queridas fobias!