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Negros nubarrones PDF Imprimir E-mail
Escrito por Salvador   
Lunes, 04 de Enero de 2016 00:36


La novela por entregas –pese a un extendido juicio peyorativo-  fue un género literario de arraigo en el siglo XIX  y en España la cultivó, entre otros, Pérez Galdós. Algunas obras maestra se escribieron por entregas, de la pluma de Balzac, Dumas, Dostoievski, Tolstoy, Dickens… Al igual que en el folletín - caracterizado por su intensidad, el argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica- se recurría al misterio y a lo escabroso y siempre estaba presente la distinción maniquea entre buenos y malos.


En esta novela por entregas en que se ha convertido la crónica postelectoral, se dan los mismos ingredientes animando la trama: intriga, maniobras sin fin, astucia, inverosimilitud,  despropósitos, ingenuidad… lo que ustedes quieran. Pero, sobre todo, un protagonista que hace de malo de la película. Me advertía mi hija Pilar, en relación con mi anterior articulo –“Un buen  parto”, referido al resultado electoral y sobre el acoso a Sánchez- que había una falta de ortografía al escribir “varonía”. Y le dije que no: lo había puesto adrede, porque quería hacer hincapié en que los Vara, Page, Puig y compañía lo que pretendían era imponer sus líneas rojas por… lo que con tanto entusiasmo esgrime siempre la varonía más envalentonada, en tanto que cualidad o condición de varón.


En este endiablado damero que nos ha ofrecido el 20D, resulta que PS (Pedro Sánchez, más incluso que el Partido Socialista) es la pieza a cazar desde todos los ángulos y desde todas las troneras situadas en las baterías partidistas. Es el blanco preferido. Antes de las elecciones, lo daban por muerto y, terminado el escrutinio, van directamente a por él, pese a que no salió muerto del todo.


La vieja derecha, por usar un término coloquial, desespera en dar coletazos defensivos. Antes de las elecciones, minimizaba a Ciudadanos, ahora es aliado natural. Y ambos se retroalimentan. Pero como la suma matemática no es bastante, se aferran exasperadamente a su alianza con PS (entre paréntesis: nada de autocrítica, pese a la perdida de 64 escaños y 2.500.000 de votantes y, por supuesto, nadie en sus filas –a salvo la vieja guardia aznarista-  descalifica a Rajoy ni pretende sustituirlo). Antes de las elecciones, el PS fue ninguneado, vilipendiado y tildado de ruin, mezquino y deleznable.  No es que ahora le tengan más aprecio, pero desde el primer día le lanzan SOS de ayuda:  Rajoy apela a su sentido de estado y espera que PS le eche una mano para formar la gran coalición salvadora de España. Quizá, tambien del propio Rajoy, que –mire usted por donde- sin PS no será nada.


Desde la izquierda, la nueva ola ha puesto diques infranqueables desde el día mismo de las elecciones. Una solución desde la izquierda es impensable sin el propio PS, por muchas líneas rojas –todas imposibles de plena imposibilidad- que le trace el novísimo Pablo Iglesias, ya sea en forma de referéndum vinculante, ya sea esgrimiendo la propagandista Ley 25.  Al parecer,  el cielo quiere ahora conseguirlo, con sus adjuntos territoriales, no ya por asalto, sino a obstáculos, como si estuviéramos corriendo los 1.500 metros valla (lo que me recuerda mucho al venturoso empate a 1.515 de los bromistas de la CUP).


El propio partido del aludido PS se ha contagiado y no parece tener otra misión que desbancar a su secretario general y todavía candidato a la Presidencia del Gobierno. Los barones niegan valor alguno al resultado de 90 escaños, (que le sitúa, pese a ello, en posición clave a un lado y a otro del arco parlamentario) y se lo quieren quitar de en medio de forma inmisericorde Pese a estar junto a Podemos en 6 comunidades, ahora rechazan dialogar con ellos. Lógico sería decidirse, sin pérdida de tiempo, por la gran coalición con el PP, que tiene la llave de la reforma de la CE y se asegurarían otros cuatro años de viejos vetos y obviedades (soberanía nacional, integridad territorial, una sola España…). Y si para certificar el fracaso del dialogo,  no se ve más salida que las nuevas elecciones para buscar un mapa más favorable -¿para quién?-, adelante. Acudirán  en la seguridad de arrebatar votos a ambos lados, por lo que es lógico que estén sembrando el camino de migas de pan –que ya se las comerán los pájaros-  para impedir el acceso al palacio del nuevo Pulgarcito. El razonamiento más nihilista es que los barones creen que no hay condiciones para  que ellos encabecen un gobierno estable. Quizá estemos ante una nueva estrategia de cerebros privilegiados para acceder al poder o nos estén ocultando algo inconfesable que no sabemos del Sr. Sánchez.



Han vuelto –o se mantienen- los recientes vicios de la intransigencia y la exclusión. Volvemos al cambalacheo de los viejos usos, para cuyo viaje no hacian falta estas alforjas. El propio Patxi López habla de “espectáculo lamentable”. Como ha escrito Juan Cruz, en España no sólo falta finura política, sino hondura intelectual, capacidad emocional de escuchar al otro.



Déjenme, contra mi costumbre, terminar el artículo con una pizca de ironía. Y es que no hay que preocuparse por nada, ni tan siquiera por la suerte del clan puyolista. No les pasará nada, como viene siendo norma desde hace décadas. Ni tampoco teman por la suerte aquellos gobernantes no decentes que vienen mangoneando nuestras vidas y haciendas. La nueva política –vamos: la de siempre- lo arreglará todo. Eso es cosa segura: si no ahora, dentro de unos meses cuando salgan elegidos los salvadores que despejen los nubarrones…


Parece que el nuevo año no va a cambiar esto y que muchos de los problemas de ayer permanecerán mañana. Así que no nos queda otra salida que ser realistas, porque sólo nos resta intentar cambiarnos a nosotros mismos, pacientemente como suave lluvia sobre esta tierra agostada.